“No se engañen a sí mismos. Si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, ese es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural; él se considera a sí mismo y se va, y pronto olvida cómo era.”1
“¡Espejito, espejito en la pared … miénteme!” ¿No es eso lo que deseamos en ocasiones?
Ya sea por fortuna o desafortunadamente, los espejos no mienten, al menos, claro, que el espejo este distorsionado. De ser así, su reflejo también será distorsionado. Y si yo no soy fiel a mi palabra y hago lo que digo que voy a hacer, hay algo distorsionado dentro de mí. Como lo dice el antiguo dicho, “El habla no cuesta nada.” El mantener nuestra palabra y cumplir nuestras promesas es un atributo del carácter que es altamente valioso. Es el ser autentico y mantener la integridad.
Por desgracia, parece que el mantener la palabra no significa nada para muchos. Como un trabajador que contrate hace tiempo y quien decía ser parte del grupo Manteniendo Promesas. Era una broma. El raramente mantuvo su palabra o sus promesas. Tristemente no se puede confiar en una persona que no mantienen su palabra o sus promesas. Y una persona que dice ser cristiano mas no busca el obedecer constantemente la palabra de Dios esa persona no es sincera y no se puede depender de ella. Y tal vez no se pueda confiar en esta persona.
Como lo dijo Santiago, “No se engañen ustedes mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.”2
Si somos maduros actuaremos en forma madura. Si somos responsables, actuaremos de forma responsable. Y si somos sinceros y genuinos, actuaremos de acuerdo y los demás sabrán que somos hombres y mujeres que mantenemos nuestra palabra.
Porque después de todo-
Es lo que hacemos
Y no lo que decimos-
Lo que habla por nosotros.
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, por favor ayúdame a ser una persona de palabra y con tu ayuda, una persona que busca obedecer tu palabra. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, Amén.”
1. Santiago 1:22–24 (TLB).
2. Santiago 1:22–25 (TLB).
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