“Demas me ha desamparado, amando este mundo.”1
De acuerdo a un documental en televisión, el leopardo sobrevive atrapado a sus victimas. Puede correr a más de setenta millas por hora, pero sólo pequeños brotes de energía. A pesar de que tiene un cuerpo muy ligero construido para la velocidad, tiene un corazón muy pequeño el cual no le da un poder duradero. A menos que atrape a sus victima en el primer brote de energía, tiene que dejar la persecución.
Cuando se trata de servir a Dios y hacer su trabajo hay muchos “leopardos”. Ellos inician muy bien con gran entusiasmo y mucho vigor pero terminan de pobremente. Tan pronto como el camino y la vida se tornan difícil, ellos abandonan la causa y dejan la carrera. Lo que necesitan no es más velocidad, pero el poder de permanecer.
Todos necesitamos corazones más grandes para las grandes capacidades de mantenerse firmes y ser dignos de confianza.
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, por favor ayúdame a no ser como el ‘leopardo’ y a tener el poder mantenerme firme para ser lo que tu deseas y hacer tu voluntad. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, amén.”
1. 2 Timoteo 4:10.
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