“Da y te será dado. Una medida buena, merecida, apretada, remecida y rebosante les será puesta en el regazo. Porque con la misma medida con que midas serás medido.”1
Se cuenta la historia de un pastor con ideas arraigadas quien en sus sermones proclamaba con gran entusiasmo, “¡Dejemos que la Iglesia camine!”
Un estimado hermano que se sentaba en la primera banca era igual de entusiasta. Exclamó para que todos lo escucharan, “Amén, Pastor. ¡Dejemos que la Iglesia camine!”
Con gran entusiasmo el pastor respondió, “¡Dejemos que la Iglesia corra!”
“¡Amén!” Respondió el hermano en la primera banca, “¡Dejemos que la Iglesia corra!”
Sintiéndose muy apoyado, el pastor gritó con más entusiasmo, “¡Dejemos que la Iglesia vuele!”
“¡Amén!” gritó el hombre en la primera banca, “¡Dejemos que la Iglesia vuele!”
“Pero,” dijo el pastor, para que la iglesia vuele se necesita dinero”
“AMEN,” gritó el anciano de nuevo, “¡Dejemos que la Iglesia camine!”
Las personas a nuestro rededor están perdidas. Grandes cantidades se dirigen hacia una eternidad perdida, sin Jesús y sin esperanza, a un lugar que la Biblia llama: “infierno”. Lo que sea y donde quiera que esté el infierno, de una cosa podemos estar seguros y es que el infierno es para siempre.
La realidad es que para hacer el trabajo de Dios en la tierra se necesita dinero—para rescatar a las personas del infierno. Muchos de nosotros por lo menos en el Oeste, tenemos recursos increíbles comparado con el resto del mundo y se ha dicho que menos del 5% de nosotros damos el diezmo de nuestro ingreso.
Dios nos ha dado tanto. Nos dio a su Hijo, Jesús, para que muriera en la cruz por nosotros para darnos vida eternal. Y en el Oeste, por lo menos, él nos ha dado recursos increíbles. ¿Y porque nos ha dado Dios estos recursos? ¿Para fines egoístas? No. Es para equiparnos y hacer el trabajo de Dios alrededor del mundo.
Se ha dicho que al trabajo de Dios hecho bajo la voluntad de Dios no le faltará la provisión de Dios. Sin embargo, los fondos para el trabajo de Dios son a través del diezmo y las ofrendas de su gente. ¡Pero si los que dan no dan, los que hacen no podrán hacer, y los que trabajan en el campo no podrán cosechar!
Si cada cristiano diera el diezmo habría suficientes fondos para hacer el trabajo de Dios alrededor del mundo.
Nuestras chequeras son un buen indicador de lo agradecidos que estamos con Dios por todo lo que él ha hacho por nosotros y es un indicador exacto de donde están nuestros corazones.
¡Dios está llamando a cada uno de nosotros para que demos y lo hagamos de manera inteligente a lo que Dios está haciendo en el mundo hoy en día! “Por,” como lo dijo Jesús, “con la misma medida con que midas serás medido,” y ¡el Señor ama a los que dan con entusiasmo!”
Se sugiere la siguientes oración: “Dios mío, dame un corazón agradecido por todo lo que has hecho por mí. Ayúdame a ser generoso y no sólo tomar. Perdóname si de alguna manera te he privado del diezmo y las ofrendas. Hoy he decidido ponerte en primer lugar en mis ofrendas. Ayúdame a que siempre recuerde que el ‘diezmo’ (por lo menos el 10%) es tuyo. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, amén.”
1. Lucas 6:38 (NIV).
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