“Sean sus palabras siempre con gracia, sazonadas con sal, para que sepan cómo deben responder a cada uno.”1
Disculpe señor, escuché que decía alguien. Di la vuelta para ver quien hablaba. Me tomó por sorpresa. Una joven mujer, razonablemente atractiva estaba parada detrás de mí.
Ella pausó por un momento, sólo para llamar mi atención, y continuó, “¿Le gustaría tener compañía femenina?”
Acababa de llegar a la ciudad y había estado esperando el vestíbulo del hotel por varias horas por un ex compañero de colegio. De repente me despertaron de mí soñar despierto. “¿Le gustaría tener compañía femenina? Una pregunta muy interesante, por decir algo. Medite un momento y después repetí la pregunta en voz alta a la joven mujer que me observaba.
Estaba un poco sorprendido por la confrontación tan inusual. Sin embargo, no me tomo mucho el comprender que esta dama en realidad era una “dama de la noche.”
Pero por alguna razón presentí al mirar sus ojos un sentimiento de tristeza… a pesar de un frente valiente. Así que me presente y le pregunté su nombre. La llamaré Toni. Sabía que delante de mí tenía a una joven que sin lugar a dudas sufría de una manera u otra. Así que empecé a hacerle preguntas a Toni. “¿Por qué estas en este negocio?” le pregunte.
“Porque necesito dinero,” fue su respuesta.
Sin lugar a dudas su respuesta era un pobre intento para racionalizar lo que ella estaba haciendo. No trate de discutir con ella.
“En ese caso, cuéntame de ti,” continué. “¿Tienes hermanos y hermanas? ¿A que se dedican? ¿Aun vives en casa de tus padres? ¿A qué se dedica tu padre? ¿Y qué hay de tu madre?
Toni empezó a hablar y estábamos teniendo una conversación muy interesante cuando de repente ella dejó de hablar, como que si las sospechas hubiesen causando un congelamiento instantáneo que no le permitía decir más. De repente ella exclamó, Espera, Ricardo, espera un minuto. Nunca nadie en toda mi vida en había hablado de la manera. ¿Por cierto, quién es usted? ¿A qué se dedica?
Continuará…
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, dame un corazón comprensivo y ayúdame a estar listo para escuchar a las personas frente a mi antes de rechazarlos por su estilo de vida y su comportamiento. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, Amén.”
1. Colosenses 4:6 (NIV).
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