“Cuando estaba por entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres enfermos de lepra. Como se habían quedado a cierta distancia, gritaron: — ¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros! Al verlos, les dijo: —Vayan a presentarse a los sacerdotes. Resultó que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, al verse ya sano, regresó alabando a Dios a grandes voces. Cayó rostro en tierra a los pies de Jesús y le dio las gracias, no obstante que era samaritano. — ¿Acaso no quedaron limpios los diez? — Preguntó Jesús—. ¿Dónde están los otros nueve?”1
William Stidger, un ministro metodista, empezó a pensar sobre las bendiciones que él había recibido durante su vida. Él recordó en especial a un profesor de la escuela primaria que había hecho hasta lo imposible para enseñarle a apreciar los versos. Había pasado más de 50 años desde que Stidger había estado en su clase, pero su aprecio por los versos seguía vivo después de tanto tiempo. Stidger escribió a su profesora una carta de agradecimiento y ella le contestó: “Mi estimado Willie, no puedo decirle cuánto significó tu nota para mí. Tengo más de ochenta años ochenta, viviendo sola en un cuarto pequeño, cocinando mis propias comidas, sola y, como la ultima hoja del otoño, persistente hasta el final. Te interesará saber que yo enseñé en esa escuela por cincuenta años y la tuya es la primera nota del aprecio que he recibido.”2
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, por favor dame un corazón lleno de gratitud y un espíritu agradecido, para que yo pueda siempre dar y expresar crédito a quien crédito se merezca, gracias a quien lo merece, y apreciación a quien la necesita. Y sobre todas las cosas, dame un corazón agradecido por todas las bendiciones que tú me has dado tan libremente y especialmente por el regalo de la salvación y un hogar en el cielo contigo para siempre. Ayúdame a vivir para que mi vida sea una expresión de gratitud por todo lo que has hecho por mí. Gracias por escuchar y responder a mi oración. En el nombre de Jesús, amen.”
1. Lucas 17:12-17 (NIV).
2. Del Pastor Ron Clarke, Tasmania, Australia.
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