Ver es creer

“Los cielos cuentan la gloria de Dios, el firmamento proclama la obra de sus manos. Un día comparte al otro la noticia, una noche a la otra se lo hace saber. Sin palabras, sin lenguaje, sin una voz perceptible, por toda la tierra resuena su eco, ¡sus palabras llegan hasta los confines del mundo! Dios ha plantado en los cielos un pabellón para el sol.”1

Cuando exploradores de Inglaterra fueron a Australia por primera vez descubrieron algunos animales extraños y maravillosos que no habían sido vistos en otras partes del mundo—animales, como el canguro, el koala (que no es un oso como a menudo se denomina) y el ornitorrinco—un mamífero que pone huevos, pasa tiempo tanto en el agua como en la tierra, tiene una cola amplia, plana, patas palmeadas y un pico similar al del pato.

Cuando los exploradores regresaron a casa, nadie podría creer su historia sobre el ornitorrinco. Todos consideraron que era una broma. Incluso después de que regresaron a Australia y trajeron consigo la piel de este extraño animal, la gente aun sentía que esta era una broma y se rehusaban a creer que era real.2

Mucha gente dice, “Creo solamente en lo que veo por mí mismo.” Esto no es verdad necesariamente porque, por lo general, la gente ve y cree sólo lo que quieren ver y creer—y se niegan a ver y creer todo lo demás –sin importar las evidencias.

Sin embargo, lo que veo y creen no tiene efecto en lo absolutamente sobre lo que es. Lo que es, es—ya sea que yo lo vea y lo crea o no. Por ejemplo, nunca he visto un átomo pero he visto (al menos en las imágenes) las pruebas de su increíble poder y creo que es real. Vivo cerca de una planta de energía nuclear y no puedo ver la energía eléctrica que está generando, pero su electricidad probablemente es la que le provee energía a mi computadora en la cual estoy escribiendo este artículo ahora mismo. No veo la electricidad, pero el que yo crea que es real o no, no afecta su realidad. Sólo es.

Nunca he visto a Dios pero he visto las evidencias de su presencia y de su poder en todas partes—veo y creo porque he elegido creer. Con Dios así como con tantas otras cosas en la vida, el creerlo es verlo. En verdad, los cielos declaran la gloria de Dios. Créanlo y lo verán.

Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, abre mis ojos y ayúdame a ver las maravillas de tu creación, la majestuosidad de tu presencia, la magnificencia de tu poder y sobre todas las cosas, ayúdame a ver las riquezas que Jesús tiene para mí – incluyendo el regalo del perdón y de la vida eterna  para estar contigo para siempre en el cielo. Gracias por escuchar y responder a mis oraciones. En el nombre de Jesús, amen.”

1. Salmos 19:1-4 (NVI).
2. http://www.esermons.com/.

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