“El secreto del SEÑOR es para los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto. Mis ojos están siempre vueltos hacia el Señor, porque él sacará mis pies de la red. Mírame y ten misericordia de mí, porque estoy solo y afligido. Las angustias de mi corazón se han aumentado; sácame de mis congojas. Mira mi aflicción y mis trabajos y perdona todos mis pecados. Mira mis enemigos, como se han multiplicado, y con odio violento me aborrecen.”1
“La soledad es algo muy triste” decía la letra de la canción de Karen y Richard Carpenter. Por triste que parezca, Karen estaba aparentemente cantando sobre como ella se sentía, sintiendo que no era amada y sintiéndose sola, se dejo morir de hambre.
Probablemente muchos de nosotros hemos en algún momento sentido el dolor de la soledad. Fuimos creados para relacionarnos y si el amor suficiente y la compañía de otros seres humanos nosotros ‘tropezamos por las sombras de la vida” hambrientos de amor de nuestros semejantes, de su calor y su compañía.
El Rey David también sabía lo que era estar solo especialmente mientras huía del Rey Saúl quien estaba celoso de él y deseaba matarlo.
Yo también sé lo que es sentirse solo—aun en medio de las amistades—con ese sentimiento muy dentro que lo deja a uno sintiéndose vacio por dentro. ¿Mi problema? Debido a que había sido lastimado en el pasado, tenía miedo de acercarme a los demás por temor a ser lastimado de nuevo.
Pero, yo también busque al Señor en mi soledad y decidí compartí mis miedos, mis fracasos y mis inseguridades con él y le pedí que me diera el valor para enfrentar la causa o causas de mi miedo y que me ayudará a encontrar la ayuda necesaria para vencerlo mis miedos. Tenía problemas personales que necesita resolver, y mientras que esto me tomó tiempo he avanzado muchísimo desde entonces y ahora estoy más abierto para amar que nunca antes.
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, por escuchar los lamentos de mi corazón cuando te busque en mi soledad y en mi dolor. Ayúdame siempre a ser honesto conmigo mismo y contigo y por favor dame el valor para enfrentar las causas de mi soledad, aceptar mi responsabilidad por lo que tengo que hacer, y guíame hacia la ayuda que necesito. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, Amén.”
1. Rey David (Salmos 25:14-19 NIV).
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