“Más valen dos que uno, porque obtienen más fruto de su esfuerzo.”1
Charles Osgood cuenta la historia de dos señoras que vivían en un centro para ancianos. Ambas habían tenido un ataque cerebrovascular. El lado izquierdo de Margaret se había restringido, mientras el lado derecho de Ruth había sido afectado.
Ambas señoras habían sido pianistas realizadas pero habían perdido la esperanza de poder tocar de nuevo.
El director del centro les sugirió a las dos señoras que intentaran tocar el piano juntas. Ellas lo hicieron, y tuvieron éxito. Ellas tocaron música excelente y, aun mejor, desarrollaron una bella amistad.
Hace tres mil años atrás, Salomón escribió, “Más valen dos que uno, porque obtienen más fruto de su esfuerzo. Si caen, el uno levanta al otro. ¡Ay del que cae y no tiene quien lo levante! Si dos se acuestan juntos, entrarán en calor; uno solo ¿cómo va a calentarse?”2
Oración sugerida: “Querido Dios, por favor dame un amigo con quien yo pueda trabajar para que juntos podamos servirte y desarrollar una bella amistad y así ser recompensados en manera doble, y haciendo esto, ser una bendición para muchas otras personas. Gracias por escuchar y contestar mi oración. Te agradezco. En el nombre de Jesús, amen.”
- Eclesiastés 4:9 (NVI).
- Eclesiastés 4:9-11 (NVI).
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