Sufriendo por nuestras pérdidas

“Bienaventurados los afligidos porque ellos recibirán consolacion.”1

Jesús lloró por la muerte de su amigo Lázaro. Necesitamos hacer lo mismo cuando experimentamos perdidas y estamos tristes. Cuando escondemos nuestra pena, nos lastimamos a nosotros mismos y distorsionamos la realidad. Como lo dice sabiamente Cecil Osborne, “Cada lagrima derramada es un prisma a través del cual todas las penas de la vida se distorsionan.”

Tim Dayton escribió en su libro, Afirmaciones Diarias para Olvidar y Continuar, “Si mi subconsciente lleva cargando una herida en silencio, yo siempre estaré negro y azul por dentro. No podre enfrentar situación abiertamente por miedo a que esto saque el sufrimiento a la superficie de nuevo. La pena que cargo en silencio por dentro tiene un gran poder sobre mi vida y mis relaciones… Hasta que no entienda mi pena y me permita saberlo, no estaré libre de sus garras.”

La pérdida es parte de la vida. El llorar por esto es un proceso, y no un evento. No hay un remedio rápido. Cualesquiera que sean las emociones involucradas—las cuales incluyen confusión, ansiedad e ira—necesitamos sentirlas, experimentarlas y expresarlas de forma sana, así como a la pena inmensa que necesitamos sacar a través del llanto. Las lágrimas son el regalo de Dios para drenar el dolor de las angustias y las penas.

Además, mientras que no sepa como llorar con todo mi corazón, no sabré como amar con todo mi corazón.

Jesús nos ha dado un modelo a seguir. Y sus palabras son ciertas: “Bienaventurados los afligidos porque ellos recibirán consolación.”

Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, ayúdame a conectarme y a ser honesto con todas mis emociones y aprender a expresarlas de manera sana y en formas constructiva. Y ayúdame a aprender llevar mis penas y a no temerle al llanto cuando estoy triste. Gracias por tu regalo de las lágrimas así como por el regalo de la risa. Ayúdame a comprender que los son igual de importantes y saludables. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, Amén.”

1. Jesús (Mateo 5:4).

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