Servicio

“Después llegó el que había recibido sólo mil monedas. “Señor —explicó—, yo sabía que usted es un hombre duro, que cosecha donde no ha sembrado y recoge donde no ha esparcido. Así que tuve miedo, y fui y escondí su dinero en la tierra. Mire, aquí tiene lo que es suyo.”1

“Sir Michael Costa, el famoso conductor, llevaba a cabo un ensayo. Mientras que el poderoso coro cantaba, acompañado por cantidad de instrumentos, el músico que tocaba el flautín – una pequeña flauta – quizás pensando que nadie se daría cuenta si dejaba de tocar  en medio de tanta música, dejo de hacerlo. Inmediatamente, el famoso conductor se detuvo y grito, ‘¿dónde está el flautín?’

 “El sonido de ese instrumento tan pequeño era necesario para la armonía, y el conductor principal lo notó en cuanto dejo de tocar. ¿El punto? Para el conductor no hay instrumentos insignificantes en una orquesta. ¡En ocasiones lo más pequeño y aparentemente menos importante puede hacer la contribución más grande y aunque no parezca hacer la gran diferenciar para la audiencia en general, el conductor lo nota enseguida!

“En la iglesia, en la vida y en el trabajo de Dios sobre la tierra los jugadores y los instrumentos son diversos – diferentes tamaños, diversas formas, diferentes notas, diversos papeles a interpretar. Pero como el músico que tocaba el flautín en la orquesta de Sir Michael, en nuestra propia soberanía decidimos a menudo que nuestra contribución no es significativa. Nuestra contribución no puede hacer alguna la diferenciar. Y dejamos de hacer las cosas. Paramos de hacer aquello que se nos ha encomendado hacer. Nos damos por vencidos. Pero el conductor  lo nota inmediatamente.”2

Desde nuestras perspectivas tal vez nuestras contribuciones puedan parecer pequeños, pero desde el punto de vista de Dios son importantes. Así que, hagan lo que hagan, no entierren su flautín (el talento) pero pónganlo al uso en el servicio del señor recordando que servimos a Dios cuando servimos a los demás y lo hacemos en el nombre de Jesús.

Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, gracias por el regalo que me has dado y por la parte que me has dado a interpretar al planear el mundo en el que hoy vivo. Ayúdame a realizar mi parte en forma diligente, con fe, y con lo mejor de mis capacidades para tu gloria y el beneficio de los demás. Gracias por escuchar y responder a mi oración. Agradecidamente en el nombre de Jesús, amen.”

1. Mateo 25:24-25 (NVI).
2. Adaptado del sermón de Richard Love: “Blowing Your Horn,” Memphis: Sermon Illustrations, 1999. Citado en www.eSermons.com.

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