“Jesús se les quedó mirando, enojado y entristecido por la dureza de su corazón, y le dijo al hombre:—Extiende la mano. La extendió, y la mano le quedó restablecida.”1
A Dios no le gustan las reglas. A él le gusta relacionarse. Por ejemplo, cuando Jesús sano al hombre de la mano torcida en el sábado judío, los líderes religiosos empezaron a planear como asesinarlo. Jesús estaba molesto con los fariseos porque entre otras cosas, ellos amaban más a sus leyes que a las personas. ¡Ellos tal vez hayan tenido la religión, pero ciertamente no tenían a Cristo, el cristianismo o a Dios!
Lo que es aún más absurdo es que estos mismos líderes religiosos que asesinaron a Jesús insistieron en que se le bajara de la cruz antes de que se pusiera el sol (el inicio del Sabbath o su día de reposo) en el día que ellos lo mataron porque el que él colgara muerto en la cruz en su día de reposo era algo en contra de las “leyes.” El haberlo dejado allí hubiese quebrado una de sus leyes y ellos se hubieran sentido sucios ceremonialmente. ¿Lo pueden creer?
Tan extraño como les pueda parecerá a muchos, la religión puede mandar a más personas al infierno que cualquier otra cosa. Esto es, religiones que dependen en las “buenas obras” de cada persona o en las leyes creadas por los hombres, reglas o tradiciones. Estas nunca llevaran a alguien al cielo. La palabra de Dios, la Biblia, lo dice muy claramente: “Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte.”2
De Nuevo, Dios no está en eso de religiones o reglas. A él le gusta relacionarse. Jesús murió para que nosotros pudiésemos estar conectados con Dios y tener la relación correcta con él. Tambien desea hacernos completos para que tengamos una relación sana con los demás y vivamos en armonía con las reglas de Dios—no para que entremos en el reino de Dios, pero para que vivamos vidas sanas.
Se sugiere al siguiente oración; “Dios mío, gracias por habernos dado a tu hijo, Jesús, para que muriera en la cruz por mis pecados para que así yo pueda tener una buena relación contigo, los demás y conmigo mismo. Ayúdame a vivir de acuerdo a tus reglas que dan vida y no bajo el yugo de las religiones creadas por los hombres, sus reglas legalistas, o tradiciones que no están basadas en tu palabra, la Biblia. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, amén.”
1. Marcos 3:5 (NIV).
2. Efesios 2:8-9 (NKJV).
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