Promesas Vacías

“Vale más no hacer votos que hacerlos y no cumplirlos.” O como dice otra versión, “Es mejor no decir nada que hacer promesas y no cumplirlas.”1

Pedro estaba  manejando por la calle muy nervioso porque tenía una junta importante y no podía encontrar un lugar donde estacionarse.

Mirando hacia el cielo, el dijo, “Señor, ten piedad de mi. Si me encuentras un lugar donde estacionarme, iré a la Misa cada Domingo por el resto de mi vida y dejare de tomar tequila.”

Milagrosamente, un lugar apareció. Pedro miro hacia el cielo de nuevo y dijo, “Olvídalo—ya encontré uno.”

Todo hemos escuchado de promesas vacías – promesas que son hechas a Dios cuando nos encontramos en una situación difícil o cuando estamos entre la espada y la pared. Y en cuanto pasa el problema, la promesa que le hicimos a Dios en nuestra hora de gran necesidad se olvida rápidamente.

Desafortunadamente, estamos viviendo en días donde la palabra de demasiadas personas no significa nada para Dios o para otros. Los compromisos son hechos y olvidados. Promesas son hechas y fácilmente rotas. La habilidad de guardar nuestra palabra, promesas, y compromisos son una marca de nuestro carácter. Y como constantemente nos recuerda Michael Josephson, “¡el carácter cuenta!”

Oración sugerida: “Querido Dios, por favor ayúdame a ser un hombre/mujer de un carácter noble quien siempre guarde sus compromisos y promesas a ti y a otros. Gracias por escuchar y contestar mi oración. Te agradezco. En el nombre de Jesús, amen.”

1. Eclesiastés 5:5 (NVI y NTV).

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