El Rey David, el salmista escribió: “Ten compasión de mí, oh Dios; ten compasión de mí, que en ti confío. la sombra de tus alas me refugiaré, hasta que haya pasado el peligro.”1
A.C. Dixon escribió, “Un muy querido amigo mío que es un amante de la cacería, me hizo el siguiente relato: Al levantarme muy temprano una mañana pude escuchar el ladrido de los perros en búsqueda de su presa. Mirando a mi alrededor, en un campo abierto frente a mí, vi a un cervatillo pasar, dando señales de agotamiento. Al llegar al cerco, lo saltó y se agachó a tan solo unos metros de distancia de donde yo me encontraba. Momentos después, dos de los perros se acercaron y el cervatillo corrió hacia mí y puso su cabeza entre mis piernas. Lo levante en brazos y lo puse junto a mi pecho y dado vueltas y más vueltas, luche contra los perros. Entonces fue cuando sentí que ni todos los perros de cacería del Oeste podrían o deberían de capturar al cervatillo después de que en su debilidad había apelado a mi fuerza.”
“Así es cuando un ser humano en su desesperación apela a Dios todopoderoso. Bien recuerdo cuando los perros del pecado estaban tras mi alma, hasta que, al final, corrí a los brazos de Dios todopoderoso.”2
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, gracias porque cuando siento temor de caer y ser consumido por la tentación y pido de tu ayuda, tu siempre vienes al rescate y me salvas. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, Amén.”
1. Salmos 57:1 (NIV).
2. A. C. Dixon como lo dijo en E.M. Bounds, The Necessity of Prayer. Fuente de información: Today’s Wit & Wisdom Devotional, http://net153.com. (En inglés)
<:))))><