No hay condena

“E inclinándose de nuevo, siguió escribiendo en el suelo. Al oír esto, se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos, hasta dejar a Jesús solo con la mujer, que aún seguía allí. Entonces él se incorporó y le preguntó: Mujer, ¿dónde están? ¿Ya nadie te condena? Nadie, Señor. Tampoco yo te condeno. Ahora vete, y no vuelvas a pecar.”1

Para mí no hay una imagen más bella del amor incondicional de Dios que el ejemplo en donde los religiosos le llevan a Jesús a la mujer que fue atrapada en el acto del adulterio (como lo mencionan las escrituras del día de hoy)

En esos días la pena por el adulterio era el morir apedreado – una situación aterrorizante en la que se encontraba esta mujer. ¡Pero por mi vida que no puedo ni comenzar a imaginarme cómo una mujer podría ser atrapada en el acto del adulterio! ¡Esto fue porque en esta ocasión era un intento por atrapar a Jesús – y las “piedras de la acusación” ocultas en los bolsillos de los acusadores eran más bien para Jesús que para la mujer adúltera!

“La ley de Moisés dice,” estos hipócritas religiosos celosos de Jesús le dijeron, “que esta mujer debe ser apedreada hasta morir. ¿Qué usted dice? “No importaba lo que él contestara, ellos creyeron que lo habían atrapado y que lo encontrarían culpable. Si él decía que ella era debía de ser apedreada a muerte, ellos podría acusarlo de no tener ninguna misericordia. Si él decía que ella no debería de morir, ellos podrían acusarlo de romper la ley de Moisés.

La respuesta de Jesús fue brillante, “sí,” dijo él, “la ley de Moisés dice que ella debe ser apedreada a muerte. ¡Así que adelante y mátenla! “Pero antes de que tuvieran la oportunidad de mover un dedo, Jesús agregó, “Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra!

El silencio era  impresionante mientras que uno por uno aquellos fanáticos religiosos, como perros asustados, metieron sus colas religiosas entre sus piernas y se alejaron tan rápidamente como pudieron.  

Jesús entonces preguntó a la mujer, “¿dónde están tus acusadores?  A lo cual ella contestó, “todos se han ido, señor” entonces Jesús le dijo, ‘tampoco yo te condeno. Ahora vete, y no vuelvas a pecar.”

No siempre por supuesto, pero algunas personas cometen el adulterio (y/o la fortificación) porque están buscando el amor en los lugares incorrectos. Existe la posibilidad que esta era la primera vez en que esta mujer amó y aceptó a un hombre (Jesús) por primera vez en su vida –  amor por quien ella era y no por lo que ella tenía para ofrecer a los hombres. La aceptación de Jesús y su amor incondicional por ella la liberaría totalmente de la vida del pecado. Esta es la razón por la cual Jesús le pudo decir, “‘tampoco yo te condeno. Ahora vete, y no vuelvas a pecar.” Les repito, él no perdonó su comportamiento pecaminoso, pero tampoco la condenó a ella. Una vez más fue el amor incondicional de Jesús el que la liberó de su vida pecaminosa.

Dios nunca trata de condenarnos, de hacernos sentir culpables, de avergonzarnos. Es la gente la que nos hace sentir  así – incluyendo a alguna gente religiosa. Dios desea perdonarnos y liberarnos de la vida del pecado. Nosotros, también, necesitamos venir a Jesús y recibir su amor incondicional, sin crítica, y que no lastima. Está allí para “todo aquel que desee venir a él.”

Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, gracias por tu amor incondicional por mi y porque me has proveído una puerta de escape a las consecuencias de mis pecados al darme a tu hijo, Jesús, para que muriera en mi lugar y así pagar la pena por mis pecados. Por favor ayúdame a amarme y aceptarme y aceptar a los demás en la misma forma en la que tú me aceptas y me amas. Libérame de mis pecados y ayúdame a vivir siempre para glorificarte. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De corazón, en el nombre de Jesús, amen.”

Nota: Para más ayuda, si nunca ha confesado sus pecados a Dios y aceptado su amor incondicional, lea, “Como saber que es Cristiano autentico, sin tener que ser religioso” en: https://learning.actsweb.org/sp/conocer_a_dios1.php

1. Juan 8:8-11 (NKJV).

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