“Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.”1
Gregory Robertson, un entrenador en paracaidismo y consejero de seguridad y veterano de varios cientos de saltos en paracaídas, saltó detrás de otros seis paracaidistas a dos millas de altura.
A una altura de 1¾ millas los seis intentaron enlazar sus manos. Una paracaidistas de nombre Debbie Williams chocó contra otro de los paracaidistas quedando ella inconsciente. Al verla caer, Robertson colocó sus brazos a los lados de su cuerpo y usando sus hombros para moverse fue detrás de Debbie. Bajando a 200 millas por hora, pudo alcanzarla. Colocándola en una posición sentada, Robertson jaló del cordón de Debbie. Estaban a 2700 pies de altura. A 2000 pies se abrió él abrió su paracaídas. De haber esperado diez segundos más se hubiera estrellado contra el suelo.
Como lo dijo Jesús, no hay amor más grande que el de alguien que está dispuesto a dar o a arriesgar su propia vida para salvar a alguien más. Pero el amor de Dios es aún más grande. Como lo dice la Biblia, “Raramente morirá alguien por un hombre recto, pero por un buen hombre tal vez alguien consideré morir por él. Pero Dios nos muestra su amor por nosotros al decir: Cuando éramos aún pecadores Cristo murió por nosotros.”
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, porque me amas lo suficiente para morir por mí, ayúdame a amarte lo suficiente para vivir por ti cada día por el resto de mi vida. Por favor úsame para ser parte vital de lo que estás haciendo en el mundo hoy en día para salvar a aquellos que se desploman hacia la muerte eterna sin Cristo. Gracias por escucharme y responder a mi oración. De todo corazón en nombre de Jesús, amen.”
1. Juan 15:13.
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