“Lámpara es para mis pies tu palabra y luz para mi camino.”1
“La Biblia es el libro que ha cambiado más vidas que ningún otro libro, dijo W. Clement Stone. “Ha ayudado a miles de personas a desarrollar una salud física, mental y moral.”
En su libro, None of These Diseases (Ninguna de Estas Enfermedades)s, el Dr. S.I. McMillen dijo, “Cuando Dios guio a los Israelíes fuera de la aflicción de Egipto, él les prometió que si ellos obedecían sus estatutos (leyes), él no pondría ‘ninguna de estas enfermedades’ en ellos [enfermedades que afligían a los egipcios]. Dios garantiza la libertad sobre las enfermedades que la medicina moderna no puede duplicar.”2
Cada regla, cada ley, y cada principal en la Biblia están allí, no porque Dios desea que seamos miserables, pero para nuestro bienestar total física, emocional y mentalmente.
Por ejemplo, Dios les dijo a los antiguos judíos que no comieran la carne de ciertos animales, incluyendo la del puerco (cerdo). ¿Fue esto por algún tipo de rito religioso? No. Fue porque estos animales en particular son cargadores de enfermedades que pueden causar daños serios—tal como era común en Egipto.
Aún hoy en día, la palabra de Dios nos da muchas instrucciones que son por razones de salud física, mental así como espiritual. Se nos instruye a no ser celosos, amargados, a odiar, a no guardar resentimientos y a perdonar así como otras cosas. El más grande doctor que ha existido, Jesucristo, indicó hace 2,000 años la importancia del perdón. Cuando nos anima a que “perdonemos setenta y siete veces,” el estaba pensando en nuestra bienestar emocional y físico así como en el espiritual. El Doctor McMillen también indicó que el tener un espíritu que sabe perdonar nos podría salvar de “colitis, ulceras, tumores, alta presión y una cantidad de otras enfermedades”—ya que todas son posibles efectos de los resentimientos.
Nosotros ignoramos las leyes de Dios cuando estamos en peligro. Esto también se aplica a las leyes morales. Por ejemplo, piensen en las enfermedades transmitidas sexualmente y el SIDA. La realidad es que no podemos quebrar las leyes de Dios así como no podemos quebrar la ley de la gravedad. Cuando tratamos de hacerlo, solo terminamos lastimándonos a nosotros mismos. Dios también tiene una ley de vida y muerte … También nos resistimos a esto que es un peligro eterno. Discutiremos esta ley en el Encuentro Diario de mañana.
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, gracias por tus leyes sobre la moralidad las cuales nos has dado en tu Palabra, la Biblia, para mi protección y bienestar. Dame la sabiduría para entenderlas, la fe para creer en ellas, y el buen sentido y la fuerza para obedecerlas. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, amén.”
1. Salmos 119:105 (NIV).
2. Dr. S.I. McMillen, Ninguna de Estas Enfermedades (None of These Diseases), pág. 7.
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