La promesa del regreso de Cristo

Jesús les dijo: “No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí. En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar. Y si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté.”1

Max Lucado nos relata cómo, en 1989, un terrible terremoto en Armenia mató a 30.000 personas. Entre esos ilesos estaban un hombre y su esposa. Su hijo estaba en una escuela primaria que se derrumbó. El padre se apresuró a ir a la escuela. Él siempre le había dicho a Armon que él iría por él siempre que el estuviera en un apuro. Él trabajó intensamente removiendo escombros intentando encontrar a Armon y después de treinta y seis horas él escuchó la voz de su niño y con la ayuda de otros trabajadores liberó al Armon y a los otros niños.

Armon dijo, “Yo les dije que tu vendrías porque tú me lo prometiste. Les dije que tú siempre estarías allí para mí.”2

Así como el padre de Armon prometió a su hijo que él vendría por él, aún más segura es la promesa de Jesús a sus seguidores. Su primera venida a la tierra es un hecho incuestionable de la historia. Su segunda venida por sus seguidores es tan cierta como su promesa de que si él fuera de nuevo a cielo, él volvería a la tierra otra vez para tomarnos y estar con él por siempre. Porque cada profecía en el viejo testamento con respecto a la primera venida de Cristo se cumplió en los más mínimos detalle, podemos estar seguros de que cada promesa en el nuevo testamento referente a su segunda venida también será cumplida hasta en los detalles más mínimos satisfecha.

Lo importante es estar listos para él, como dijo Jesús, “Por eso también ustedes deben estar preparados, porque el Hijo del hombre vendrá cuando menos lo esperen.”3

Para estar seguros que están listos para el regreso de Cristo por favor lean “Como estar seguros de ser un cristiano real” en:

https://learning.actsweb.org/sp/conocer_a_dios1.php

Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, Gracias por la maravillosa esperanza que tiene cada cristiano, de que tú viniste a la tierra a pagar por la pena de mis pecados, y de que ahora estas preparando un lugar para mí en el cielo. Y gracias por la maravillosa promesa de que cuando se llegue el momento, tú regresaras de nuevo para llevarme y así estar contigo para siempre. Gracias por escuchar y responder a mi oración. En el nombre de Jesucristo, Amén.” 

1. Juan 14:1-3 (NKJV).
2. Adaptada de Max Lucado, San Antonio, TX.
3. Mateo 24:44 (NIV).

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