¡Yo lo hice!,  ¡Yo lo hice!

“Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes.”1

Un domingo nuestro pastor nos platicó sobre una experiencia que tuvo el autor Max Lucado en una excursión familiar. Su meta era el visitar y alcanzar la cima de una montaña cubierta de nieve. Ellos lograron conducir la mayor parte del camino en sus vehículos, pero la última milla la tuvieron que terminar a pie. Tan pronto como estuvieron fuera de sus vehículos y estaban parados en la nieve, la hija menor de Lucado, de cerca de tres o cuatro años le dijo a su padre, “cárgame, cárgame.” Al irse haciendo mas pesada la cuesta, otros miembros de la familia tomaron turnos para cargar a la niña.

¡Tan pronto como alcanzaran la cima y la pusieron sobre la nieve, ella muy feliz exclamó, ¡Lo hice! ¡Lo hice!

Para aquellos de nosotros que somos seguidores de Jesús, ¿nos hemos puesto a pensar en todo lo que Dios ha hecho por nosotros – cómo él nos ha salvado a algunos de nosotros de una vida de depravación, derrota, y desesperación… ¿cómo él nos ha llevado a través de las tormentas de la vida, nos ha protegido contra el mal, y nos ha liberado de muchas tentaciones? ¡O, nosotros, como niños pequeños, nos damos una palmadita en la espalda por nuestra bondad, y nos sentimos orgullosos de nuestra autosuficiencia, y decimos por lo menos dentro de nuestro corazón, “lo hice! ¡Lo hice!”

¿O, como el escritor de himnos nosotros constantemente decimos desde nuestro corazón, “a Dios sea la gloria, grandes cosas ha hecho él?”

Esto es algo que yo sé, de no ser por la gracia de Dios no estaría donde estoy hoy. Tiemblo de solo pensar en dónde y cómo yo habría terminado. Ciertamente no estaría donde estoy hoy.

Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, ¿cómo te aprecio? Déjame contar las maneras. Ellas no tendrán fin. Como te agradezco el que me hayas salvado, me hayas liberado, por cuidarme, por perdonarme, por invitarme a ser parte de tu familia, por hacerme la persona que soy hoy y, sobre todo, por morir por mi y darme el regalo de la vida eterna. Ayúdame a vivir una vida llena de agradecimiento para contigo.  Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, Amén.”

1. 1 Pedro 5:7 (NKJV).

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