“He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.”1
Una de mis citas favoritas es la de Teodoro Roosevelt quien dijo:
“No es le critico el que cuenta; ni el hombre que nos muestra como se tambalea un hombre fuerte, o donde podría un benefactor haber hecho sus buenas obras. El crédito le pertenece al hombre que está en la arena, cuya cara está sucia por el polvo, el sudor y la sangre; quien lucha valientemente, quien se equivoca una y otra vez, quien conoce el gran entusiasmo, la gran devoción, quien se entrega a una buena causa; quien, a pesar de fracasar, al menos lo hace mientras se esfuerza valientemente, para que su lugar nunca sea con aquellos almas tímidas que no conocen ni la victoria, ni el fracaso.”
Poco antes de que un gran amigo mío muriera de cáncer, le pregunté que se sentía tener cuarenta y cuatro años y estar en este predicamento. Entre otras cosas él dijo, “me siento enojado porque había tantas cosas que quería hacer con mi vida. Me siento mal por haber estado tan ocupado y no haber pasado más tiempo con mi familia.” Y después de una pausa me dijo, “No puedo dejar de pensar que he hecho con mi vida que haya valido la pena.”
Sus palabras fueron serias y sé que cuando llegué al final de mi viaje y esté frente al Señor quiero saber que invertí mi vida de forma inteligente para la eternidad y me he ganado las palabras de bienvenida del Señor, “Bien hecho hijo mío. Pasa a la casa del Señor.”
No importa si vivimos cuarenta, ochenta, o cien años, nuestro tiempo en la tierra es como una gota en el océano comparada con la eternidad. Y como dijo Amy Carmichael, “Tenemos toda la eternidad para celebrar las victorias, pero solo unas pocas horas para pelear y ganar nuestras batallas.” ¡Así que sigamos intentándolo por Dios!
Se sugiere la siguientes oración: “Dios mío, de manera encantada te entregó mi vida de manera total. Ayúdame a vivir por ti y ha invertir de manera inteligente en la eternidad al ser parte de lo que estás haciendo en el mundo hoy. Gracias por escucharme y responder a mi oración. De todo corazón en nombre de Jesús, amen.”
1. 2 Timoteo 4:7.
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