El apóstol Pablo dijo, “prosigo hacia la meta para conseguir el premio del supremo llamamiento de dios en Cristo Jesús.”1
El éxito ha sido definido como “la habilidad fijarse una meta que valga la pena y después poner todo su esfuerzo y energías para el logro de esa meta.”
El primer paso para lograr el éxito en cualquier cosa es el tener una meta. Sin una meta específica es muy sencillo irse por todos lados con nuestras actividades y de esa manera derrochar nuestras energías. Y, si no somos cuidadosos, podríamos terminar sin lograr algo productivo en nuestras vidas. Nos convertimos en el arquero del proverbio que primero dispara la flecha y después en su vano intento de convencerse a sí mismo y a los demás de lo bueno que es dibuja el blanco alrededor de donde pegó la flecha
De acuerdo con los oradores en motivación personal, sólo cerca del tres por ciento de las personas tienen una meta importante en sus vidas. Esto no debería de ser verdad para los cristianos porque Dios tiene una meta mayor para cada uno de nosotros. Esa meta pondrá a buen uso los dones que Dios nos ha dado al servir a otros porque servimos a los demás servimos también a Dios.
El escribir nuestras metas lo más seguido posible nos ayuda a definir claramente nuestras metas en la vida. Esto nos ayuda a grabarlo en nuestro inconsciente y así mismo nos ayuda a estar listos (en piloto automático) listos como Pablo caminado hacia la meta que Dios nos ha dado.
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, ayúdame a descubrir la meta que tienes para mi vida y dame la motivación, dirección y la ayuda que necesito y así cumplirla para tu gloria. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, Amén.”
1. Filipenses 3:14 (NIV)
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