“Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?”1
Excusas. Me imagino que nunca hay escasez de ellas. Cuantos padres no han escrito notas para excusar a sus hijos por faltar a la escuela, por olvidar algo, por llegar tarde, por lo que hacen o no pueden hacer.
¿Y cómo se excusó y justificó a sí mismo Adán cuando pecó y desobedeció a Dios? Muchos dicen que él culpó a Eva. Pero en realidad él culpó a Dios. “¡Fue la mujer que me diste la que me hizo hacerlo,” le dijo a Dios! ¡Y después la mujer culpó a la serpiente!
Algunas veces me preguntó cuantos de nosotros culpamos a Dios o al demonio por las cosas que nos salen mal en nuestras vidas, situaciones que fueron el resultado directo de las decisiones que tomamos por nosotros mismos. Algunas veces, para culpar a Dios, al demonio, o a alguien más por nuestros problemas es la mejor excusa a la mano si no queremos aceptar la realidad, aceptar la responsabilidad y crecer.
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, ayúdame a ser honesto conmigo mismo y enfrentar al realidad y aceptar siempre la responsabilidad de las cosas que digo, las cosas que hago, mis sentimientos y los motivos detrás de ellos. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, amén.”
1. Lucas 10:29.
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