¿Dónde estaba Dios cuando….?

Y preguntó: “¿Dónde lo pusiste?” ellos le dijeron: “Señor, ven y ve.” Jesús lloró. Dijeron entonces los judíos: “¡Mirad cuánto lo amaba!”1

Las siguientes preguntas se hacen siempre: “¿Dónde estaba Dios cuando la bebé de mi hermana murió repentinamente?” “¿Cuándo mi marido murió cuando se encontraba en la mejor parte de su vida?” “¿Cuándo secuestraron a mi niño, lo violaron y lo asesinaron?” Esta pregunta es tan vieja como Jonás y tan fresca como hoy. Muchos también nos hacemos esta pregunta cuando vemos actos de terrorismo, de sufrimiento masivo causado por líderes malvados, y otras tragedias.

¿Así que dónde está Dios cuando la humanidad sufre? Dios está dónde él siempre está y es. Él está presente. Él sabe todos. Él ve todos. Y creo que así como Jesús lloró cuando su amigo Lázaro murió, así también Dios llora por el gran sufrimiento de la humanidad. 

¿Por qué no para Dios todo este sufrimiento? ¿Por qué no detuvo a Hitler quien masacró a millones de judíos y por qué .no detuvo a Stalin y a otros que han matado a millones? ¿Y por qué no detienen a los terroristas, a los violadores, los secuestradores, y a los asesinos? Por la simple razón de que él ha dado a la humanidad la libre voluntad de elegir – ya sea para seguirlo y obedecerlo o para ir por nuestro propio camino del pecado y la maldad. Es la decisión de la humanidad. Es la decisión de cada individuo. Dios nunca creó o deseó marionetas colgando de una cuerda. A todos se nos dio la voluntad de elegir libremente.

Sin embargo, cuando la humanidad el camino de la maldad, el corazón de Dios se aflige, de hecho, por su gran amor por nosotros es que Dios nos dio a su hijo, el señor Jesucristo, para que muriera por nuestros pecados y nos liberara del mal y de sus consecuencia eternas – el infierno y la separación eterna de Dios, de la fuente de todo amor y de la vida.

Como lo expresa en sus palabras el escritor, Frank E. Graeff:

       ¿Le importo a Jesús?
       O sí le importo,
       Sé que le importo,
       él siente mi pena en su corazón,
       En las largas horas en las que he estado
       Tan triste y preocupado 
       Yo sé que mi salvador está conmigo.

Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, gracias porque cuando tengo una pena, tú sientes mi dolor y sufres conmigo. Gracias, también, porque tú al igual que nosotros también sufres cuando se desata la maldad en la tierra y las personas fallecen en el mejor momento de su vida. Y gracias por tener el regalo de la salvación para todos los que vienen a ti a confesar sus pecados y su necesidad de ser liberados de toda maldad, enfermedad, tristeza, pena, muerte, y la muerte eterna. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, Amén.” 

1. Juan 11:34-36 (NIV).

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