Disparándole a los Santos

“Finalmente, sean todos de un mismo sentir, compasivos, amándose fraternalmente, misericordiosos,  amigables; no devolviendo mal con mal, ni maldición con maldición, sabiendo que fueron llamados con el fin de recibir esta bendición.”1

El Doctore Leslie Flynn escribió acerca del tema cuando los Ingleses y los Franceses estaban en guerra durante la colonia en Canadá. El Almirante Phipps, a cargo de la flota británica, tenia órdenes de anclar fuera de Québec, una ciudad sobre el Río San Lawrence. Tenía que esperar la llegada de la infantería Británica y después unirse al resto de las fuerzas en el ataque. 

“Llegando temprano, el Almirante Phipps, quien era un ardiente no-conformista, estaba molesto por la altura de los santos que adornaban el techo u las torres de la catedral católica.  Así que pasó el tiempo disparándoles con las armas del barco. A cuantas les atinó, no lo sabemos, pero los historiadores relatan  que cuando llegó la infantería y se dio la señal para atacar, el almirante se encontró sin municiones. Él las había usado  para dispararle a los santos.”

Seguido me pregunto, en la iglesia cuanto de nuestro empeño ponemos en pelear entre nosotros sobre trivialidades insignificantes en lugar de unir nuestros esfuerzos para atacar al enemigo real.  

Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, ayúdame a no perder mi tiempo y energía y recursos en trivialidades ni hacer énfasis en nimiedades, pero siempre concentrarnos en lo que es importante.  Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, amén.”      

1. 1 Pedro 3:8-9 (NIV).

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