Cuando el problema no es el problema

“Y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.”1

Juan era uno de los hombres más afluentes que hubiese venido a mí por terapia. Él era médico facultativo muy acertado pero su práctica no estaba muy bien y su segunda esposa estaba a punto de dejarlo. Él tenía todo lo que el dinero podría comprar pero era uno de los hombres más miserables que yo había conocido. Su mundo casi se había derrumbado.

Por toda una hora en la  primera sesión me senté y lo escuche criticar a su esposa.  Y así él continuó.  Finalmente le dije, “ese no es tu problema.”

¿Qué no es mi problema? Pregunto de forma irritada. 

“Regrese la próxima semana y hablaremos de ello,” le dije. 

La misma cosa sucedió la semana siguiente y la siguiente y la siguiente. Finalmente él lo comprendió. No era su esposa con quien  él estaba tan enojado.  Era su madre y él proyectaba toda esa cólera encerrada hacia su esposa. Solo cuando él le hizo frente a la raíz de su problema fue él capaz de resolverlo.

¿Por qué no le dije más pronto cuál era su verdadero problema? Porque él necesitó verlo por sí mismo y lo haría solamente cuando él estuviera listo parar dejar el juego de la culpa y hacer frente a la cólera sin resolver que llevaba dentro de sí.

Muchos de nuestros problemas, especialmente los de parentesco, son la fruta de una raíz muy profunda. Todo lo que vemos es el síntoma o lo qué los consejeros llaman la “presentación de problema.” Si nos centramos solamente en el síntoma, tendemos a reforzarlo. Mientras que no ignoramos los síntomas, necesitamos hacer frente a la raíz del problema y así liberarnos de los síntomas.

Y que pasó con Juan, nuestro amigo el doctor. Se salvó su matrimonio, así como su práctica, y su esposa se convirtió en consejera. 

Como Jesús lo dijo, “Ustedes conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.” O para ponerlo de otra manera, mientras haya cualquier área en mi vida donde no estoy libre al grado de la negación; es decir, hay una cierta verdad sobre mí que no estoy viendo y/o no estoy haciendo frente.

Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, aquí están los síntomas en mi vida (nómbrelos). Si son causados por algo en mi vida que no he enfrentado y resuelto, por favor dame el valor para poder verlo y la decisión para hacer lo deba de hacer para resolverlo.  Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, Amén.” 

1. Jesús (Juan 8:32).

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