“Deseen con ganas la leche espiritual pura para que crezcan a una experiencia plena de la salvación.”1
Un lector escribe, “Yo he estado recibiendo los devocionales del Encuentro Diario por varios años y aprecio en gran manera la aplicación práctica que ofrecen del evangelio y el mensaje Cristiano. Estaba hablando con un amigo de la pregunta contraria de un Encuentro Diario reciente — No si Dios es codependiente pero más bien si nosotros somos condependientes de Dios. ¿Puede hacer frente a este tema?”
Alguien dijo en broma que mientras haiga exámenes para los niños en la escuela, siempre habrá oración en las escuelas. Puedo atestiguar de este hecho — por lo menos cuando yo estaba en la universidad. Muchas veces cuando yo me sentía que no estaba preparado lo suficiente para un examen, oraba como loco por la ayuda de Dios. De hecho, un compañero de cuarto estaba tan preocupado que yo iba a reprobar un examen importante, le pidió a varios estudiantes que oraran por mí. Cuando pase el examen y recibí una calificación mejor que la suya, el no estaba contento conmigo. Así que, ¿tuvieron algún efecto las oraciones de mis amigos? Solo si ayudaron a calmar mi mente para que yo pudiera recordar las respuestas que ya sabía a causa del tiempo que había pasado estudiando. Si no hubiera estudiado, entonces Dios no me hubiera ayudado.
Pienso que algunos de nosotros actuamos hacia Dios como si él fuera codependiente. Pero Dios no es codependiente. Nunca lo ha sido. Nunca lo será. Si el permitiera que nosotros fuéramos codependientes de él, el nos estuviera manteniendo inmaduros e irresponsables. Si yo no hubiera estudiado para el examen que se acaba de mencionar, yo me hubiera merecido haber reprobado ¡y Dios lo hubiera permitido!
A veces nos acercamos a Dios como si él fuera un “padre de la Navidad gigante en el cielo” esperando que él nos conceda cada deseo. O como lo dijo John Powell: “Algunas personas tratan a Dios como si fuera una pastilla gigante para el dolor — ¡toma a Dios tres veces al día y no sentirás nada de dolor!” Dios no trabaja de esa manera. El no salta a través de nuestros aros. Su meta para cada uno de nosotros es que crezcamos, maduremos, y que actuemos responsablemente en cada área de nuestra vida. Dios hará por nosotros lo que nosotros no podemos hacer por nosotros mismos (por esa razón mando a Jesús para morir por nuestros pecados), pero él no hará por nosotros lo que nosotros podemos y somos muy capaces de hacer por nosotros mismos.
Como dice la escritura de hoy, “Deseen con ganas la leche espiritual pura para que crezcan a una experiencia plena de la salvación.” Y una parte vital de crecer es actuar responsablemente sin esperar que Dios o alguien más hagan por nosotros lo que nosotros podemos hacer por nosotros mismos.
Oración sugerida: “Querido Dios, por favor ayúdame a ver y a entender lo que yo necesito ser y hacer para crecer en la plenitud de tu salvación, y actuar responsablemente en cada área de mi vida. Gracias por escuchar y contestar mi oración. Te agradezco. En el nombre de Jesús, amen.”
1. 1 Peter 2:2 (NTV).
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