“Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo: ‘Varones atenienses, en todo observo que ustedes son muy supersticiosos’”1
“Hoy camine por donde el apóstol Pablo caminó.”
Escribí esas palabras hace varios meses cuando Joy y yo tuvimos la oportunidad de estar parados en la cima de la colina de Marte que mira hacia la ciudad de Atenas en Grecia. En esta colina, o cerca de ella, hace casi 2000 años en la sombra del infame e histórico Partenón, el Apóstol Pablo explicó el evangelio a los atenienses.
Caminamos al día siguiente sobre una sección de un camino construido por los romanos en la antigua ciudad de Corintios—un camino por el cual Pablo tendría que haber caminado—al final del cual él estaba parado mientras que los magistrados de la ciudad lo acusaba de causar disturbios al predicando sobre Jesús.
Al día siguiente navegamos por las aguas en las cuales Pablo navegó en sus viajes como misionero. Unos días después estábamos en Efesios y visitamos el asombroso anfiteatro al aire libre donde habría estado Paul indudablemente. Visitando éstos y otros asombrosos sitios históricos ciertamente hizo que los viajes y los escritos del misionero Pablo (especialmente a los Corintios y los Efesios) volvieran a la vida como nunca antes.
Nuestro último día antes de regresar a casa lo pasamos en Estambul—la ciudad donde el este se encuentra con el oeste. ¡Además de visitar lugares fascinantes y magníficos edificios antiguos, era una sensación extraña el escuchar el extremadamente ruidosos llamado de los musulmanes a la oración que empezaba con la salida del sol a las 5:40 de la mañana. El sonido de los canticos me dio escalofríos especialmente a la luz de las atrocidades cometidas por los musulmanes radicales recientemente. ¿Se podría usted imaginar la protesta si los cristianos tenían la misma clase de llamadas extremadamente ruidosas a la oración cinco veces al día en América? ¡Las personas en contra de Dios y las muchedumbres políticamente correctas nos acallarían rápidamente!
Continuará….
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, gracias por la evidencia histórica que autentifican tu palabra, la biblia, según lo encontrado en la ‘cuna del cristianismo’ donde tus discípulos enseñaron y predicaron el mensaje del evangelio. Ayúdeme a tomar en mi corazón y en mi mente la realidad de tu palabra y del impacto en el mundo que el evangelio ha hecho sobre los últimos dos milenios. Que esto afecte mi corazón y mi vida también. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, Amén.”
1. Hechos 17:22.
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