El Apóstol Pablo escribió, “Una cosa hago: olvidando lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo hacia la meta, para conseguir el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Así que todos los que somos perfectos esto mismo sintamos.”1
De acuerdo a Peter Wagner, “Proponerse metas es un riesgo. Una de las cosas mas cómodas en el mundo es el no tener metas, porque desea manera no puede haber fracaso. Es igualmente cómodo el definir las metas en términos de lo que estemos haciendo en un momento dado. Si disparas primero y después circulas el centro en el lugar donde pego el tiro, nunca fallaras el centro del tiro al blanco. Si alguien lo llega a ver después comentar sobre tu buena puntería.” Algunas personas han desarrolla esta técnica muy bien. Han creado sus metas de acuerdo a sus propias inclinaciones en vez de formular cuidadosamente sus prioridades bíblicas.
El tener metas bien definidas es el primer paso hacia el éxito en todo. Sin embargo, de acuerdo a los oradores motivacionales sólo el tres por ciento de las personas tiene una meta importante en su vida. Sin esto somos como un barco a la deriva. En vez ser nosotros los que dirijamos el curso de nuestras vidas, dejamos que el viento y la marea del tiempo nos lleven a donde ellos desean. Como lo dijo alguien sarcásticamente, “¡Bendito sea el que apunta a la nada porque seguramente le pegará!”
Como con el Apóstol Pablo, Dios tiene metas especificas para cada uno de nosotros. Es nuestra responsabilidad el descubrir cuál es la meta y el trabajar para lograrla. Y como lo dijo Pablo, “Así que todos los que somos perfectos esto mismo sintamos.”
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, gracias por tener una meta y un propósito especifico para mi vida. Por favor ayúdame a descubrir lo que es y dame el deseo, el valor y la guía para ayudarme a trabajar para cumplir la meta. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, amén.”
1. Filipenses 3:13-15 (NIV).
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