Autenticidad

“Cuando Jesús vio que Natanael se le acercaba, comentó: —Aquí tienen a un verdadero israelita, en quien no hay falsedad.”1

“Hay una historia sobre una mujer que se encuentra sola en un elevador con el famoso y bien parecido Robert Redford. Mientras que el elevador subía, la mujer, como muchos de nosotros, encontró incontrolable el no mirar fijamente a la estrella de cine. Finalmente, en su entusiasmo y nerviosismo, ella exclamo: “¿Es usted el verdadero Robert Redford?” A lo que Redford respondió,  “solamente cuando estoy solo.”

Pienso que si yo fuera un actor – especial uno tan famoso como Robert Redford – Me sería muy difícil ser el verdadero yo cuando no estoy actuando y podría olvidarme muy fácilmente de quién es el verdadero yo.

Incluso sin ser actor, encuentro que una de las cosas más difíciles de la vida es el ser honesto conmigo mismo. ¡Es lo suficientemente difícilmente saber y admitir cuáles son mis verdaderos sentimientos, pero aún más lo es admitir mis motivos! Y es demasiado fácil actuar/pretender cualquier parte para evitar el hacerle frente al verdadero yo. Puedo actuar la parte de una persona súper amable para evitar el hacerle frente a mi ira sin resolver… o súper valiente para ocultar mis miedos… o gruñón y macho para ocultar mi inseguridad y así sucesivamente.

Sin embargo, es solamente cuando soy real y valerosamente honesto conmigo mismo y con Dios que él puede ayudarme a crecer y a ser la persona que él quiere que yo sea. Así mismo es cuando se trata de acercarse a los demás. Solamente al grado al que me abra, sea honesto, y sincero podré relacionarme íntimamente con las personas que amo. Y, desafortunadamente, entre más oculte a mi verdadero yo viviré con otros pero aparte llevando una existencia muy sola y vacía.

Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, ayúdame a ser sincero – alguien en quien no haya nada falso – para que pueda ser todo lo que tú has planeado para mí y pueda tener una relación amorosa y sana contigo y con todos mis seres queridos. Gracias por escuchar y responder a mi oración. Agradecidamente en el nombre de Jesús, amen.”

1. Juan 1:47 (NVI).

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