“Den gracias a Dios en toda situación, porque esta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús.”1
Dale Carnegie escribe, “si solamente la gente que se preocupa de sus responsabilidades pensara de las riquezas que ellos poseen, ellos dejarían de preocuparse. ¿Usted vendería sus ojos por un millón de dólares… o sus dos piernas… o sus manos… o su capacidad de escuchar? Sumen todo lo que tienen, y se darán cuenta de que no lo venderían ni por todo el oro del mundo. Las mejores cosas de la vida son nuestras si tan solo las pudiéramos apreciar.”
Hace años cuando era un estudiante en Chicago y conducir un autobús del pasajero de CTA en el verano, me saludo una pasajera quien era una mujer muy refinada dándome una palmada en el hombro me dijo, “¡Joven, usted es un millonario!” Ésa fue una agradable noticia para mí porque tenía tres trabajos para poder pagar la universidad. Sin embargo, después de una pausa, la señora continuó, “¡usted goza de salud!”
Ella tuvo un comentario acertado. Contando nuestras bendiciones, como Carnegie lo sugiere, no nos va a quitar nuestros problemas pero ciertamente puede ayudarnos a manejarlos mucho mejor – especialmente si nosotros damos gracias a Dios todos los días en cada (no por) situación – ya sea buena o mala.
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, por favor ayúdame a contar mis bendiciones todos los días y a dar gracias de corazón por cada una de ellas – especialmente cuando, en vez de mantener mi vista en ti, miro mis problemas y me empiezo a preocupar acerca de lo que debo de hacer. Gracias por escuchar y responder a mi oración. Agradecidamente en el nombre de Jesús, amen.”
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