Ángeles inocentes

“Sigan amándose unos a otros fraternalmente. No se olviden de practicar la hospitalidad, pues gracias a ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles.”1

Según un artículo por G.K. Chesterton, “Francisco de Asís le tenía terror a la lepra. ¡Un día, de lleno en su viaje caminaba por una estrecha sendera, él vio, a un leproso que se veía horriblemente blanco por el sol. Su corazón se contrajo por instinto, tratando de alejarse de la posibilidad de ser contaminado por esa espantosa enfermedad. Pero entonces él reunió todo su valor  y avergonzado de si mismo camino y le echo los brazos al cuello de la víctima le abrazo y besó y continuó en su camino. Un momento después al mirar hacia atrás, se encontró  con que no había nadie más allí, solamente el camino vacío bajo los rayos del ardiente sol. Por el resto de sus días él estuvo seguro de que no era ningún leproso, sino Cristo mismo disfrazado como leproso a quien el se había encontrado en el camino.”

Tal vez es por eso que él escribió esta bella oración conocida como la oración de San Francisco de Asís,” la cual dice:

Señor, hazme un instrumento de tu paz.
Donde haya odio, siembre yo amor;
donde haya injuria, perdón;
donde haya duda, fe;
donde haya tristeza, alegría;
donde haya desaliento, esperanza;
donde haya sombras, luz.
¡Oh, Divino Maestro!
Que no busque ser consolado sino consolar;
que no busque ser amado sino amar;
que no busque ser comprendido sino comprender;
porque dando es como recibimos;
perdonando es como Tú nos perdonas;
y muriendo en Ti, es como nacemos a la vida eterna.
Permitan que esta bella oración sea la oración del día de hoy. De todo corazón, en el nombre de Jesús, amen.”

1. Hebreos 13:1-2 (KJV).

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