Dios dijo, “¿De qué me sirve este incienso que llega de Sabá, o la caña dulce de un país lejano? Sus holocaustos no me gustan; sus sacrificios no me agradan.”1
La palabra “adoración” en Ingles (worship) viene de una palabra antigua Ingles que significa reconocer el valor de alguien. Para el Cristiano, adoración significa reconocer el valor de Dios.
Muchos en la iglesia hoy comparan esto con cantar coros. Otros lo comparan con un enfoque más tradicional donde las juntas principales en el Día del Señor son llamados servicios de “adoración”—ambos de las cuales pueden tener mucho que ver o nada que ver con la adoración.
Un amigo mío, John Fitzroy, una vez le preguntaron en donde adoraba, lo cual significaba a que iglesia asistía. Su respuesta fue muy directa cuando dijo, “Yo asisto a tal y tal iglesia en donde dirijo el coro, ¡pero no adoro!” Por lo menos estaba siendo honesto.
Por importante que sea asistir a una iglesia buena, yo no necesito estar en una iglesia o una capilla para adorar. Puedo adorar cuando veo una bella puesta del sol, un bebe recién nacido, una flor, un árbol, un pájaro cantando, un animal, el océano, con sol o con lluvia, en una montaña, en el desierto,—dondequiera que este en la casa, escuela, trabajo, o tiempo divertido—al igual que en la iglesia.
Necesito constantemente reconocer el valor de Dios lo cual es adoración. Es probable que si no estoy practicando la adoración durante la semana, quizás no la haga sentado en una iglesia por una hora a la semana. Traemos una actitud o espíritu de adoración con nosotros. Si no la traemos, no es muy probable que la encontremos en la iglesia a pesar de si el servicio es tradicional o contemporáneo.
La adoración es una actitud del corazón. Haciendo las acciones cuando el corazón no esté en ello puede ser religiosidad o iglesianismo, pero no es adoración. Solo es una sombra de lo real. Mi mejor conjetura es que Dios piensa lo mismo de esto como pensó del incienso y holocaustos en los días de Viejo Testamento donde era ritual sin corazón o sinceridad. Lo mismo es cierto de oraciones que son insinceras y son palabras sin corazón.
Que absurdo ha de ser para Dios cuando nos ve intentando “tocar” lo que decimos ser adoración—ya sea que sea el órgano, un piano, címbalos, una guitarra eléctrica, o tambores—cuando nuestro corazón no está en ello, y haciendo esto ¡no estamos reconociendo el valor de Dios!
David estaba en lo correcto. El dijo, “Quiero alabarte, Señor, con todo el corazón, y contar todas tus maravillas. Quiero alegrarme y regocijarme en ti, y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo.” Y de nuevo, “¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor! Alabaré al Señor con todo el corazón en la asamblea, en compañía de los rectos.”2 Eso sí que es adoración—con o sin música. Y a propósito, a mi me encanta la música y estuve en un grupo de música cristiana cuando era más joven.
Oración sugerida: “Querido Dios, por favor ayúdame a entender el significado verdadero de adoración y aprender como adorarte en espíritu y en verdad, no solo en la iglesia, pero dondequiera que yo este. Por favor dame un corazón y espíritu de adoración. Gracias por escuchar y contestar mi oración. Te agradezco. En el nombre de Jesús, amen.”
1. Jeremías 6:20 (NVI).
2. Salmos 9:1-2; 111:1 (NVI).
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