¡Sin temor! ¡Sí, cómo no!

“El Señor está conmigo, y no tengo miedo; ¿qué me puede hacer un simple mortal? El Señor está conmigo, él es mi ayuda; ¡ya veré por los suelos a los que me odian!”1

Se cuenta la historia de un osezno “que se alejo de su madre en busca de alimento. Ésta era su primera aventura; él osezno era un poco tímido. Un enorme y feroz gato montés observaba al osezno y se acercaba listo para atacarlo. El osezno, no sabiendo qué más hacer, se alzó en sus piernas traseras como él había visto a su madre hacerlo en forma defensiva. Inmediatamente, el gato montés se retiró; y se alejó corriendo como si temiese por su vida. El osezno, muy orgulloso continuó buscando alimentos. Lo que el gato montés había visto y el osezno no lo sabía, era que la madre estaba parada en sus patas traseras justo detrás del osezno, lista para atacar al gato montés.”2

¡Sin miedos! ¡Sí, cómo no! Dijo el hombre con el alma tan muerta de quién nunca se había dicho a sí mismo, “estoy asustado a medio morir.” El temor es un tema muy común para todos nosotros – a menos que lo hayamos enterrado y ocultado, lo cual puede ser un camino muy peligroso a seguir ya que lo que negamos es lo que inevitablemente hacemos de una cierta forma destructiva para nosotros mismos. ¡Alguien ha dicho que hay 365 “no temas” en la Biblia –uno para cada día del año!

David, quien escribió las palabras del salmo de hoy tenía toda razón al sentirse aterrorizado en muchas ocasiones porque el Rey Saúl, consumido por un odio increíble por  él, lo buscaba para matarle. Así que cuando siento temor, tomo una página del libro de David, y repito constantemente para recordarme a mí mismo, “El Señor está conmigo, y no tengo miedo; ¿qué me puede hacer un simple mortal?”

La buena noticia es que Dios está con nosotros… siempre… él nunca nos dejará o nos olvidará… por lo tanto para compensar nuestros miedos podemos aprender a poner nuestra confianza en él y no en nosotros mismos. También, es importante el no permitir que los miedos nos controlen porque si no los controlamos (o resolvemos), ellos nos controlará.

Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, gracias, porque no importa cuáles sean las circunstancias, tú estás siempre allí por mí. Gracias también por tu promesa de nunca dejarme u olvidarme. Ayúdame a aprender cómo depositar toda mi confianza en ti para así no sentir temor. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, Amén.”

1. Salmos 118:6-7 (NIV).
2. La fuente fue un correo electrónico. Autor desconocido.

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