“El que pierda su vida por mi causa, la encontrará.”1
El “amor verdadero es como el mercurio,” dijo Ana Landers, “si usted lo sostiene en la palma de su mano, permanecerá. Si usted intenta agarrarlo, se deslizará a través de sus dedos.” Quizás este fue el mensaje de Jesús cuando él dijo, “Porque el que quiera salvar su *vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la encontrará.”
Algunos padres nunca dejan ir a sus hijos aun cuando estos son adultos. Dentro de su propia inseguridad se aferran a sus descendientes y los sofocan. Al obrar así los alejan así como a la cosa que más necesitan – amor – ellos los pierden. Como dice el refrán, “si amas a alguien, déjalo ir; si vuelve a ti, entonces es tuyo, si no regresa es que nunca lo fue.”
En otras palabras, cuando nos aferramos a la vida para vivir por nosotros mismos o para aferrarnos a alguien más por nuestra propia necesidad, perdemos lo que más necesitamos – el amor. Esto es porque hemos confundido la necesidad con el amor. Solamente cuando dejamos ir es que somos libres para amar y para vivir la vida al máximo.
Cuando hacemos esto y amamos de verdad, damos amor sin condiciones. Al obrar así recibimos más amor para dar.
Se sugiere al siguiente oración: “Dios mío, por favor sana las profundas heridas de mi corazón y así quedar libre para amar a los demás y a ti sin condiciones, y ser un canal por el cual tu amor fluirá hacia los demás. Gracias por escuchar y responder a mi oración. Agradecidamente en el nombre de Jesús, amen.”
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