“Y entonces Jesús les dijo: Vayan por todo el mundo y anuncien las buenas nuevas a toda criatura.”1
El director ejecutivo y fundador de FedEx, Fred Smith, desarrolló la idea para una innovadora compañía de estafeta/correo cuando aún era un estudiante en la universidad de Yale.
Su profesor no estuvo impresionado con la idea. El papel que Smith entregó delineando los conceptos de su idea solo obtuvo una “C” de calificación. Treinta años después, FedEx es la compañía más grande de transportación rápida, con 128,000 empleados y más de 7 billones en capital.
El profesor de Smith no tomó algunas cosas en consideración. Una de ellas fue la persistencia de Smith—él se negaba a darse por vencido. Otra fue su creatividad—cuando el plan A no funciona, siempre está el plan B que hay que poner en acción. Y lo más importante, sin embargo, fue la habilidad de Smith para enlistar a otros para compartir su visión.
Las personas querían ser parte de lo que Smith trataba de hacer—aun al punto del sacrificio. Al principio, por ejemplo, sus pilotos pagaban de su propio bolsillo el combustible de las avionetas. Algunas veces no cobraban sus cheques por cierto tiempo para ayudar a mantener a la compañía a flote.2
¿Se pueden imaginar lo que pasaría si todos los cristianos tuvieran ese tipo de actitud al desear ser parte del plan de Dios y de lo que él está haciendo en el mundo el día de hoy—y estuvieran dispuestos a hacer ese tipo de sacrificio para seguir a Cristo y aceptar la encomienda de llevar el evangelio a todos los rincones del mundo?
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, en las palabras de un compositor: ‘Oh señor, por favor enciende el fuego / Que una vez ardió brillante y claro / Reemplaza al cordero de mi primer amor / Que arde con un temor divino.’ Gracias por escuchar y responder a mi oración. En el nombre de Jesucristo, Amén.”
1. Marcos 16:15 (TLB).
2. Adaptada de Coy Wylie, TX, www.cornerstonebc.com
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