“Pero recibirán poder cuando haya venido sobre ustedes el Espíritu Santo; y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo ultimo de la tierra.”1
En 1832, el ingeniero francés Ferdinand Marie de Lesseps estaba viajando en el mar mediterráneo. Uno de los pasajeros en el barco en el que él se encontraba contrajo una enfermedad contagiosa y el barco fue puesto en cuarentena. Lesseps se sentía muy frustrado. Para pasar el tiempo se pudo a leer las memorias de Charles le Pere quien había considerado la posibilidad de construir un canal entre el Mediterráneo y el Mar Rojo. En 1869 se completó la construcción del Canal de Suez, fue construido siguiendo el diseño y bajo la supervisión de Lesseps.
Fue durante esta cuarentena treinta siete años antes que los planes para el Canal de Suez fueron germinados y concebidos por Ferdinand Marie de Lesseps. Desde entonces el mundo ha recibido su beneficio.
Probablemente más seguido de lo que nos damos cuenta Dios usa la adversidad para ayudarnos a crecer, para motivarnos a encontrar soluciones creativas a los problemas de la vida o para aumentar su trabajo. Por ejemplo, Los primeros cristianos no cumplieron con la comisión de Dios de salir de Jerusalén y llevar el evangelio a los confines de la tierra hasta que la iglesia tuvo que enfrentar la persecución. Se vieron forzados a moverse a los confines de la tierra.
Este principio se puede aplicar a mi propia vida. La mayoría de los cambios importantes en mi vida han sido el resultado de una caída o una adversidad.
Así que, cada vez que la adversidad llegue a tu vida, te sugiero que la aceptes, y le preguntes a Dios que es lo que está tratando de decirte o desea que aprendas o hagas a través de ella.
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, cuando me enfrente a caídas, perdidas, desilusiones o tribulaciones ayúdame a ‘escuchar’ lo que estás tratando de decirme a través de esta experiencia y como deseas usarla en mi vida. Gracias por escucharme y responder a mi oración. De todo corazón en nombre de Jesús, amen.”
1. Hechos 1:8 (NIV).
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