“Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.”1
Un Obispo ingles dijo en una ocasión, “doquiera que el Apóstol Pablo fue hubo o un renacimiento o una revolución. Doquiera que yo voy sirven té.”
Como se lo pueden imagina, cuando escribo sobre temas tales como homosexualidad y el aborto, y trato de presentar un punto de vista bíblico, no se me sirve el té, De hecho, recibo tanto arreglos florales como ladrillos. Las flores son muy bonitas y se aprecian. Los ladrillos son usualmente con una intención y podrían lastimar profundamente si los tomara como algo personal, lo cual no hago. Por lo general también pierdo cierta cantidad de subscriptores cuando publico estos artículos.
La realidad es que si como ministro, maestro o comunicador hablo o escribo para complacer a todos, terminaré sin complacer a nadie y mi vida nunca llegara a ser algo que valga la pena, y ciertamente no complaceré a Dios.
Si queremos tener un impacto en nuestra sociedad, los cristianos debemos tomar una amable pero firma posición contra la pornografía, la sexualidad ilícita, el aborto por cualquier razón, homosexualidad, alcoholismo, etc. y todas las cosas que se oponga Dios, porque son en última instancia autodestructivas. Además, no votemos por los políticos y líderes que no adopten una posición contra tales comportamientos independientemente de su afinidad política. Y no compremos los productos de las empresas que apoyan a las organizaciones o grupos que promueven las cosas que Dios odia.
A modo de interés, si nosotros no odiamos la maldad, no amamos la rectitud. Si vamos a ser verdaderos seguidores de Jesús, tenemos que odiar las cosas que Dios odia y amar las cosas que él ama. Mientras que él ama a los pecadores, detesta todo el pecado. Como cristianos estamos llamados a impactar y cambiar nuestra cultura y a no permitir que la cultura nos impacte y nos cambie.
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, por favor dame el deseo de conocer tu Palabra, la sabiduría de comprender tus caminos y el valor de tomar una posición por lo que tú dices, y a no conformarme a la cultura de hoy con su creciente forma política de ver al mundo la cual no está basada en la biblia. Permíteme que mi vida haga la diferencia—sin importar que tan pequeña sea—para así no haber vivido en vano. Gracias por escuchar y responder a mis oraciones. En el nombre de Jesús, amen.”
1. Romanos 12:1-2 (NKJV).
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