Papa caliente

“Predica la Palabra; persiste en hacerlo, sea o no sea oportuno; corrige, reprende y anima con mucha paciencia, sin dejar de enseñar. Porque llegará el tiempo en que no van a tolerar la sana doctrina, sino que, llevados de sus propios deseos, se rodearán de maestros que les digan las novelerías que quieren oír.”1

En respuesta a un Encuentro Diario sobre homosexualidad una subscriptora preocupada me pidió que le diera algunas sugerencias que le pudiera ayudar para hablar y dar testimonio a una amiga de ella que había elegido el estilo de vida del lesbianismo.

No tuve una respuesta directa, pero esto es lo que le sugerí:

No creo que situaciones como ésta tengan una respuesta sencilla. Ciertamente no tengo tal asesoramiento. Y aunque no quiero sonar demasiado simplista, creo que es muy importante pedirle a Dios que nos ayude a ser como Jesús con las personas que tienen preguntas y que nos dé la palabra correcta en el momento adecuado.

Una niña, a quien llamaré María, asistió a uno de mis seminarios de fin de semana sobre “amando y entendiendo a las personas”. Un participante preguntó sobre la homosexualidad y le expresé lo que la palabra de Dios dice al respecto y agregue que, por lo menos para algunos, sus raíces puede ir hasta la infancia lo que puede causar que una mujer inconscientemente busque el amor que nunca recibió de su madre, y en donde un hombre puede estar aún buscando inconscientemente por el amor del padre que nunca recibió. María estaba extremadamente molesta conmigo. En términos inequívocos- delante de todo el grupo—ella dijo que yo era un fanático religioso.

Esto me tomo totalmente por sorpresa. Simplemente respondí, “probablemente lo soy algunas veces.” Resultó que María era lesbiana.

Para mi asombro Mary apareció unas semanas más tarde en un taller de una semana de duración, el cual teníamos para aquellos que quería trabajar en temas personales sin resolver. Asistieron cerca de 25-30 personas. En toda la semana ni una sola persona condenó o juzgó a María. A principios de la semana le dije a María que mientras que yo no estaba de acuerdo con su estilo de vida, la amaba y la aceptaba por quien era ella. De hecho, todo el grupo fue amable y la aceptó y al final de la semana incluso ella me dio un abrazo muy cálido y dijo, “tal vez usted tiene razón.”

Con demasiada frecuencia es una falta de amor lo que lleva a las personas a cometer actos pecaminosos al buscar llenar esa necesidad del amor que no han encontrado y lo hacen en forma equivocada y en los lugares equivocados. Y sólo el amor los ayudará  —es decir, el amor de Dios a través de nosotros. Es cierto, debemos odiar las cosas que Dios odia, pero al mismo tiempo debemos amar al pueblo que Dios ama. Y mientras que Dios odia el pecado de todo tipo, él ama a los pecadores de todo tipo. Tenemos que hacer lo mismo porque todos calificamos como pecadores.

Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, antes de apuntar con el dedo a alguien, por favor confróntame con los problemas sin resolver y los pecados que he cometido en mi vida. Y ayúdame a siempre amar a los pecadores—y ser como Jesús con ellos—aun cuando puedo ver sus pecados y como se destruyen a sí mismos. Gracias por escuchar y responder a mis oraciones. En el nombre de Jesús, amen.”

1. 2 Timoteo 4:2-3 (NVI).

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