“Tan compasivo es el Señor con los que le temen como lo es un padre con sus hijos. Él conoce nuestra condición; sabe que somos de barro.”1
Ayer, o cualquier otro día: puede haber sido el último día de su divorcio, el día que fueron rechazados o el día en que perdieron o enterraron a un ser amado; pero tan difícil como puede parece ahora y tan extremadamente triste como lo es, con el tiempo puede convertirse en un día de nuevos comienzos. Sean gentiles con ustedes mismos, pero procesen su pena tan pronto como sea posible y así sean capaces de resolver su dolor. Para hacer esto de una forma eficaz, hay varias cualidades valiosas que les ayudarán a afrontar el futuro tan incierto como les que pueda parecer en este momento.
1. Tenga la actitud correcta. Actitud es lo que hace la diferencia entre que una experiencia dolorosa se convirtiendo en un fracaso o un éxito. Pueden permitir que su experiencia les deje inseguros y con miedo de salir de nuevo por temor a ser lastimar, o pueden decidir que esta pérdida será su maestro.
Es cierto, de vez en cuando necesitamos una cantidad de experiencias para motivarnos, pero no crecemos a través de estas experiencias. Es en el valle de las decepciones donde encontramos la oportunidad de hacer un balance de nuestra vida y avanzar hacia un mayor nivel de crecimiento y madurez.
2. Saber cuál es su propósito en la vida. Cuanto más claramente definen cual es el objetivo — y entre más profundamente estén tanto en la mente consciente como en el inconsciente: menor será la pérdida. Una nave espacial en su trayectoria a la luna está en el curso equivocado el 90 por ciento del tiempo. La gravedad de la Tierra tira de el constantemente y se mueve de lado a lado debido a fuerzas adicionales. Pero tiene un equipo de computación integrado que tiene sólo un propósito que está enfocado en la Luna. El equipo hace correcciones continuamente para mantener la nave espacial en sincronía con su propósito y objetivo.
La vida es así. Si nuestro ojo está en nuestro objetivo, si tenemos un propósito definido, nada nos detendrá y llegaremos a donde deseamos llegar.
3. Si fracasan en una relación o en algunas otra aventura, recuerden que el fracaso es un evento, no una persona. Porque el fracasar no significa que ustedes sean un fracaso como personas. Para nada. El único fracaso verdadero es el no volver a intentarlo, o no levantarse una vez más de las que han caído. Lo importante es aprender del pasado, para usarlo como una oportunidad para crecer y para avanzar a una vida más satisfactoria y más rica.
4. Denle una oportunidad a Dios. Si sienten que han fallado, o creen que han hecho mal, pidan a Dios que les perdone — y asegúrese de perdonarse a sí mismos. Y a continuación, con la ayuda de Dios, usen ese fracaso como un peldaño hacia algo mejor.
Cuando un hueso se rompe y sana, se convierte en la parte más fuerte del hueso. Lo mismo ocurre con sus partes rotas: cuando han sido heridos, han caído o fracasado, o tienen miedo. Cuando llevan estas cosas a Dios para su curación, su fortaleza se hace perfecta a través de sus debilidades.2
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, por favor ayúdame a usar cada desilusión, perdida o caída que me sobrevenga para que me ayuden a crecer, a ser mejor, más cariñoso y a tener más madurez. Y guíame hacia la ayuda que necesito para lograrlo. Gracias por escuchar y responder a mis oraciones. En el nombre de Jesús, amen.”
1. Salmos 103:13-14 (NVI).
2. Adaptado del capítulo: “La derrota no siempre es el final” en el libro Como Reparar a un Corazón Herido del autor Richard (Dick) Innes. Sólo en inglés.
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