“Manteniendo en alto la palabra de vida. Así en el día de Cristo me sentiré satisfecho de no haber corrido ni trabajado en vano.”1
Brett Blair reporta cómo Henry P. Crowell contrajo tuberculosis cuando era un niño y no podía ir a la escuela. Después de escuchar un sermón de Dwight Moody, el joven Crowell oró, “no puedo ser un predicador, pero puedo ser un buen hombre de negocios. Dios, si me permites tener dinero, lo utilizare para tu servicio.”
Bajo el consejo de su médico Crowell trabajado al aire libre durante siete años y recupero su salud. A continuación, compró la decadente compañía Quaker Mill en Ravanna, Ohio. En el plazo de diez años Quaker Oats era ya un nombre conocido en millones de hogares. Henry P. Crowell fielmente dio del 60 al 70 por ciento de sus ingresos a las causas de Dios, habiendo avanzado de un 10 por ciento inicial.2
Uno de los beneficiados de la asistencia monetaria de Crowell fue el Instituto de la Biblia Moody: la escuela que D. l. Moody fundó en Chicago. Y a modo de interés, esa es la escuela en donde hice la mayor parte de mi entrenamiento bíblico y mi formación teológica. Por lo tanto, yo también me beneficie del compromiso que hace muchos años Henry Crowell hizo con Dios.
Lo que usted y yo hacer hagamos hoy por Dios pueden tener un efecto dómino que tocará a muchas otras vidas en los próximos años y a muchos por toda la eternidad. Así que invirtamos nuestro tiempo, nuestro talento y nuestra vida sabiamente, manteniendo en mente los valores eternos.
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, gracias porque sin importar cuales sean mis talentos y dones – esperando que sean muchos – los pueda usar para servirte a ti y para ayudar a los demás. Por favor ayúdame a hacer esto y a influenciar a muchos para toda la eternidad. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, Amén.”
1. Filipenses 2:16.
2. Brett Blair, www.eSermons.com, 2002.
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