“Al irse Jesús de allí, dos ciegos lo siguieron, gritándole: ¡Ten compasión de nosotros, Hijo de David! Cuando entró en la casa, se le acercaron los ciegos, y él les preguntó: ¿Creen que puedo sanarlos? Sí, Señor, le respondieron. Entonces les tocó los ojos y les dijo: Se hará con ustedes conforme a su fe. Y recobraron la vista.”1
Robert Schuller comparte la maravillosa historia acerca del campeón olímpico, Charlie Paddock a quien le encantaba hablar con los jóvenes en las escuelas preparatorias. En la preparatoria Tecnológica del Este en Cleveland, Ohio, él desafió a un grupo de jóvenes: “¡Si usted piensa que se puede, entonces es posible! Si usted cree en algo con la fuerza suficientemente, esto sucederá en sus vidas.” Después levantó su mano y dijo, ¿Quién sabe? Tal vez hay un campeón olímpico en este auditorio esta tarde.”
Más tarde un escuálida niño de color se le acercó y dijo: “Sr. Paddock, lo que yo daría por llegar a ser un campeón olímpico como usted.”
Ese fue el momento de inspiración para ese joven. ¡Su vida cambio a partir de ese momento! En 1936 fue a Berlín y ganó cuatro medallas de oro. Su nombre es Jesse Owens. Cuando él regresó a casa fue llevado por las calles de Cleveland y la multitud lo recibió con gran entusiasmo. El coche se detuvo para que él firmara autógrafos. Ese día un niño muy delgado se recargó contra el coche y le dijo: “Sr. Owens, lo que yo daría por llegar a ser un campeón olímpico como usted.”
Jesse tocó al pequeño (quien era apodado “Huesos”) y dijo, “sabes que eso es lo que yo quería cuando tenía tu edad. Si trabajas y entrenar arduamente, y si crees en ello, entonces puedes llegar a ser un campeón olímpico.”
El niño estaba tan inspirado que corrió todo el camino a casa en donde le dijo a su abuela, “voy a ser un campeón olímpico.” En el estadio Wimbley en Londres, en 1948, seis jóvenes esperaban escuchar la pistola inicial. El hombre en el carril exterior salió a todo lo que le daban sus piernas; continuó corriendo hasta llegar y pasar la cinta ganando así la carrera. Su nombre era Harrison el “Huesos” Dillard. Ese día él empató el récord Olímpico de Jesse Owens y llegó a romper muchas más marcas.2
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, por favor ayúdame a ver lo que deseas que yo logre en mi vida, dame la fe para creer que es posible, y el valor y la determinación para seguir mi sueño con mi corazón para el bien de los demás y para tu Gloria. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, Amén.”
1. Mateo 9:27-30 (NVI).
2. Esta ilustración es del escritor Robert Schuller en su libro Move Ahead With Possibility Thinking, (New York: Jove Books, 1967).
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