“Ya han pasado cuarenta y cinco años desde que el Señor hizo la promesa por medio de Moisés, mientras Israel peregrinaba por el desierto; aquí estoy este día con mis ochenta y cinco años: ¡el Señor me ha mantenido con vida! Y todavía mantengo la misma fortaleza que tenía el día en que Moisés me envió. Para la batalla tengo las mismas energías que tenía entonces. Dame, pues, la región montañosa que el Señor me prometió en esa ocasión. Desde ese día, tú bien sabes que los anaquitas habitan allí, y que sus ciudades son enormes y fortificadas. Sin embargo, con la ayuda del Señor los expulsaré de ese territorio, tal como él ha prometido.”1
Cuando los Israelitas estaban conquistando la Tierra Prometida que Dios les había dado, Caleb le dijo a Josué, “¡Dame la región montañosa para conquistar!” Caleb tenía ochenta y cinco años de edad en aquel tiempo. (Vivian mucho más en aquel tiempo.)
Si Dios les había dado la Tierra Prometida a los Israelitas, ¿porque tenían que pelear por ella? Porque el hecho que Dios se los dio hizo posible que ellos la pudieran conquistar. Si Dios se los hubiera dado en un platillo de plata, ellos nunca hubieran aprendido a confiar en él ni hubieran aprendido a ser individuos responsables y maduros.
Caleb logro su meta porque el sabia precisamente lo que el propósito de Dios era para el pueblo de Israel y el mismo, y no permitió que su edad lo detuviera.
Si nosotros, también, queremos lograr algo que valga la pena en nuestra vida, a pesar de nuestra edad, es imperativo que nosotros, también, sepamos lo que es el propósito de Dios para nuestras vidas — y actuemos de acuerdo a ello.
Oración sugerida: “Querido Dios, estoy disponible y quiero ser usado por ti. Por favor haz claro lo que es el propósito que tú tienes para mi vida, y ayúdame a cumplirlo. Gracias por escuchar y contestar mi oración. Te agradezco. En el nombre de Jesús, amen.”
- Josué 14:10-12 (NVI).
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