“Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja, halla perdón.”1
De los dos tipos de pecadores en los días de Jesús, ¿con quién preferiría mezclarse?
Los honestos. Ellos eran los que él podía ayudar. Como dice el texto de hoy, “Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja, halla perdón.”
Confesión también es una manera fundamental para sanar — físicamente al igual que emocional y espiritualmente. Santiago dijo, “Confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros, para que sean sanados.”2
Como nos dicen los médicos, muchas de nuestras enfermedades físicas son causadas o empeoran por problemas interiores no resueltos que son resultado de relaciones dañadas, culpa, enojo, resentimiento, amargura, daño, preocupación, ansiedad, y otras emociones recargadas negativas.
Muy seguido estas son las cosas que nos causan enfermedades. Literalmente. Confesándolos, quitándolos de nosotros, y vaciándonos de esos sentimientos deja libre el camino para que sanen tantas enfermedades. Así que, en muchas maneras la sanidad quizá sea una elección. ¿Confesar o no confesar? Esa es la elección, ya que esa es una manera imperativa para la sanidad de algunas de nuestras enfermedades.
Oración sugerida: “Querido Dios, dame el valor para confesar todos mis pecados, fallas, debilidades, deficiencias y cualquier otra emoción negativa recargada, y donde sea posible, corregir cualquier mal que yo haya hecho. Y ayúdame a no juzgar y predicarle a otras personas para que puedan tener la seguridad para venir conmigo a confesar sus pecados y fallas. Gracias por escuchar y contestar mi oración. Te agradezco. En el nombre de Jesús, amen.”
Nota: Cuando usted decida confesar, asegúrese que no solo sea a Dios, pero también a una persona segura y de confianza. Una persona segura es otro pecador honesto quien no le predicara, no lo desanimara, no lo hará sentirse culpable, no le dará consejos a menos que lo solicite, y no tratara de “arreglarlo”. Y mientras no condone lo que usted haya hecho, no lo condenara, pero lo aceptara y le amara por su honestidad — de la manera que Dios ama a todos los pecadores. El odia nuestro pecado porque daña a los que el ama — nosotros, pero el ama al pecador incondicionalmente.
1. Proverbios 28:13 (NVI).
2. Santiago 5:16.
Nota: Si usted nunca ha recibido a Jesús como su Salvador o recibido el perdón de Dios, le animo a que lo haga hoy. Para hacer esto vea “Invitación de Dios” en: www.actsweb.org/sp/invitacion.php, o para más ayuda lea el artículo, “Como Estar Seguro Que Es Un Cristiano Verdadero” en: www.actsweb.org/sp/conocer_a_dios1.php
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