Quejas de la Ira

“El de grande ira llevara la pena; Y si usa de violencias, añadirá nuevos males.”1

Los últimos años pasados ciertamente han sido marcados por mayor crisis y desastres naturales… ataques terroristas, bombardeos, terremotos masivos e inundaciones devastadoras.

En medio de estos desastres fuimos testigos de acciones increíbles de compasión y hechos de bondad de parte de miles de personas con buen corazón. También fuimos testigos de la cruel maldad: saqueo, el crimen, enojo, rabia, irresponsabilidad y el “juego de culpar a otros” que nunca termina.

Tristemente, el mundo está lleno de quejas de la ira. Esto se trata de personas que se quejan obsesivamente y que culpan a Dios, el gobierno, su pareja, su patrón, o cualquier otra persona por los problemas que ellos tienen. Se quejan del clima, se quejan del servicio sea bueno o malo, y hasta se quejan cuando están siendo ayudados mediante el sacrificio de otros. Estos son aquellos quienes evitan responsabilidad personal, viven en un estado de negación constante, y se quejan, quejan, y quejan.

Si, nosotros tenemos que ayudar a los que están en una posición donde literalmente no se pueden ayudar a sí mismos. ¡Pero hay que despertar! Deje de rescatar a aquellos quienes pueden y necesitan ayudarse a sí mismos. Como enseña la Biblia, si rescatamos a estas personas lo tendremos que hacer vez… tras vez… tras vez. La cosa más amorosa que podamos hacer para esta clase de persona es ayudarle a ayudarse a sí mismo. Y solo podemos hacer esto si él se quiere hacer personalmente responsable. Para aquellos que se pueden ayudar a sí mismos pero no quieren, necesitamos quitarnos del camino y permitir que choquen con las esperanzas que esto les ayude a venir a sus sentidos y enfrentarse a la realidad de la vida como realmente es.

Oración sugerida: “Querido Dios, por favor libérame del pecado de quejarme obsesivamente, jugando el juego de culpar a otros, y/o de ser irresponsable. Y libérame de rescatar a aquellos quienes son muy capaces de y necesitan ser responsables y aprender a ayudarse a sí mismos. Gracias por escuchar y contestar mi oración. Te agradezco. En el nombre de Jesús, amen.”

1. Proverbios 19:19 (NVI).

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