“Si escuchan mi voz y hacen lo que yo considero justo, y si cumplen mis leyes y mandamientos, no traeré sobre ustedes ninguna de las enfermedades que traje sobre los egipcios. Yo soy el Señor, que les devuelve la salud.”1
Ayer hablamos acerca de cómo una mente molesta puede afectar al cuerpo físicamente. Hoy continuaremos con lo siguiente:
Dolor: el gran motivador
El dolor no es sólo un poderoso factor de motivación, pero también es un don de Dios. El dolor o la enfermedad pueden ser una “luz de peligro” para advertirnos que algo está mal y necesita atención. Una de las tragedias con la enfermedad de la lepra es que causa una pérdida de sensación y no se siente dolor. Esta enfermedad no causa la pérdida de las extremidades. Destruye la sensación en las extremidades, y cuando una de las extremidades se lastima, el leproso, porque no siente dolor, no proteger ni cuidar de dicho miembro. Eventualmente, lo pierde. Por lo tanto, si vamos a estar sano, necesitamos permitir que algunos de nuestros dolores y enfermedades nos motiven para hacerle frente a la causa real de nuestros problemas y no sólo a los síntomas.
Encontrando la cura
De acuerdo al manual más grande jamás escrito sobre los principios para la vida diaria, la Biblia, la primera ley de la salud y la curación es una vida limpia, es decir, higiene física, saneamiento y la vida moral.
Hace más de tres mil años Israel era una nación joven y había estado cautiva en Egipto en donde hubo gran cantidad de enfermedades. Cuando Dios a través de Moisés condujo a los israelitas fuera de la esclavitud en Egipto, él les prometió un programa de salud que aún no ha sido igualado por la ciencia moderna. “Si escuchan mi voz y hacen lo que yo considero justo, y si cumplen mis leyes y mandamientos, no traeré sobre ustedes ninguna de las enfermedades que traje sobre los egipcios. Yo soy el Señor, que les devuelve la salud.”2
Ron Vince en la revista Canales cita al eminente médico inglés, Sir William Arbuthnot Lane, quien dijo, “la ley de Moisés es en gran parte una ley de buena salud. Su práctica ha hecho a los judíos la raza más sana, más diligente, y la más ricas entre las razas de la humanidad.”3
Sir James Cantile, un famoso cirujano de Londres, comentó lo siguiente en una ocasión, “nunca hemos molestado a las leyes de Moisés en relación con la higiene, el saneamiento o las enseñanzas médicas. Todo lo que los científicos de hoy han hecho con sus microscopios y libros de texto es demostrar que el antiguo legislador estaba en lo correcto.”4
Y el Dr. Paul Dudley White, el especialista de corazón estadounidense, dijo, “es concebible que en pocos años nosotros los médicos podamos repetirle a los ciudadanos de los Estados Unidos los consejos que Moisés dio a los hijos de Israel hace 3,000 años bajo el mandato de Dios.”5 Y esto es, “Si escuchan mi voz y hacen lo que yo considero justo. . .”1
Continuara. . .
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, por favor dame un corazón dispuesto a escuchar para que así yo pueda cuidadosamente escuchar lo que tu palabra nos enseña, y dame el sentido común y el valor para siempre hacer lo que está correcto antes tus ojos. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, Amén.”
1. Éxodo 15:26 (NVI).
2. Éxodo 15:26 (NVI).
3. Canales, Agosto 1975.
4. Ibíd.
5. Ibíd.
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