“Anímense unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales. Canten y alaben al Señor con el corazón, dando siempre gracias a Dios el Padre por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.”1
Hoy recordamos como. . .
“La música tiene poder para unir a las personas. El 11 de septiembre de 2001, miembros del el Congreso de Estados Unidos se reunieron en los escalones del Capitolio para cantar ‘Dios bendiga a América.’ En ese momento, los miembros de la cámara de representantes y del Senado vieron el penacho negro de humo subiendo desde el Pentágono a través del río Potomac. Un año más tarde en 2002, la casa de representantes y el Senado celebraron una solemne reunión conjunta en el Edificio Federal de Nueva York. Fue sólo la segunda reunión del Congreso celebrado fuera de Washington en los últimos dos siglos. Estos legisladores fueron a Nueva York para mostrar su solidaridad con las personas en la ciudad. Una vez más, el poder de la música les unió al tomarse de las manos y cantaron junto al coro de una escuela preparatoria ‘Dios bendiga a América.’
“La música tiene el poder para mover a las personas. Consideren la hermosa melodía que conocemos como ‘Taps.’ El Brigadier General Daniel Butterfield compuso esta música en julio de 1862 en el desembarcadero de Harrison en Virginia. Butterfield estaba descontento con la costumbre de disparar tres oleadas de fusil a la conclusión de entierros durante las batallas. Butterfield probablemente alteró una pieza más conocida como ‘Tattoo’, que era el llamado del Clarín francés utilizado para indicar que se apagaran las luces.’ Las palabras de ‘Taps’ son: ‘Se acabo el día, se ha ido el sol, de los lagos, de las colinas, del cielo. Todo está bien. Descansa en forma segura. Dios está cerca.’ ¿Quién no se ha conmovido por el poder de esta música?
“La música tiene el poder de sanar a las personas. ‘La música puede ser un fuerte catalizador en el proceso de sanación,’ escribe Don Campbell autor del Efecto Mozart. Este libro cita muchos ejemplos en los cuales el sonido de la música se utiliza para sanar a pacientes que padecen de todo desde ansiedad hasta el cáncer, alta presión, dolores crónicos y estrés mental.’2
“Hace tres mil años, David tocó su arpa para hacer que el poder de su música sanara la depresión y los miedos de el Rey Saúl.3 Como William Congreve (1670-1729) lo dijo, ‘La música tiene encantos para calmar el pecho salvaje, suavizar las rocas, o doblar a un roble.’”4
Y la música tiene el poder de alabar a Dios. Uno de los muchos regalos maravillosos que Dios nos ha dado es el regalo de la música. Y, como lo advierte el apóstol Pablo, usemos este regalo para alabar y agradecer a Dios por el profundo regalo de su amor, el Señor Jesucristo, quien murió para salvarnos de las trágicas consecuencias de nuestros pecados.
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, gracias por el regalo de la música. Por favor pon una canción en mi corazón y que nunca este lejos de mis labios—una canción de gracias, oración y de alabanzas a ti por tus maravillosos trabajos—y en especial por el regalo de tu Hijo, el Señor Jesucristo, quien murió en la cruz por mí para salvarme de mis pecados y de perderme en un eternidad sin esperanza. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, Amén.”
1. Efesios 5:19-20 (NVI).
2. www.msnbc.com/news, 13 de junio del 2002.
3. 1 Samuel 16.
4. Este artículo, citado en www.sermons.com, es de ‘Religión en la vida diaria’ del reverendo Edward Chinn, D.Min.
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