Mas acerca del saber y lo que no hay que hacer

“El que escucha la palabra pero no la pone en práctica es como el que se mira el rostro en un espejo y, después de mirarse, se va y se olvida en seguida de cómo es. Pero quien se fija atentamente en la ley perfecta que da libertad, y persevera en ella, no olvidando lo que ha oído sino haciéndolo, recibirá bendición al practicarla.”1

Aquí está un acertijo que leí recientemente: “Cinco ranitas sentadas en un tronco. Cuatro decidieron saltaron. ¿Cuántas ranas quedaron en el tronco?

Había dos hermanos en Georgia durante la década de 1950. Uno decidió que, en oposición a la cultura dominante del día, que iba a participar en la formación de una comunidad desagregada. El otro trabajó como abogado de un prominente bufete de abogados. Ambos eran cristianos y acudía a la iglesia regularmente. Una vez que la comunidad se formo y la presión social llevo a esta Comunidad a procedimientos judiciales, el hermano pidió a su hermano el abogado que le ayudara con el trabajo legal. El hermano se negó, diciendo que él podría perder su trabajo. Él presionó a su hermano para ayudarle recordándole que él era un cristiano. El abogado respondió, “seguiré a Jesús hasta su Cruz, pero es su Cruz. Yo no tengo necesidad de ser crucificado.” A esto su hermano respondió: “entonces eres un admirador de Jesús, pero mas no su discípulo.”2

¿Cuál fue su respuesta al acertijo en la parte de arriba? ¿Fue uno, dos, tres o cuatro? De acuerdo con la persona que hizo la pregunta la respuesta es cinco. Ustedes se preguntaran “¿Cómo?” Es porque hay un mundo de diferencia entre decidir y hacer.

Como lo dijo un monje budista, “Saber y no hacer es no saber.” Para traducir esto a una terminología cristiana yo lo pondría de esta manera: El creer y no actuar es no creer porque yo creo verdaderamente solo en aquello que me motiva a tomar acción.” Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, en apreciación por todo lo que tú has hecho por mí, por favor ayúdame a ser un fiel seguidor y discípulo de Jesús, y no solo un admirador o alguien que solo escucha tu Palabra. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, Amén.”

1. Santiago 1:23-25 (NVI).
2. Brett Blair, Adaptado de un sermón de Brian Stoffregen en
    www.eSermons.com.

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