Jesús dijo “Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!”1
Ayer hablamos sobre varios de los pasos que necesitamos tomar para estar llenos del Espíritu Santo. Deseo, fe, compromiso, confesión de los pecados, ser abiertos y honestidad personal. Hoy queremos hablar de cuatro pasos más.
En sexto lugar, eliminar las barreras. Otra barrera que bloquea el Espíritu de Dios puede ser un espíritu que no sabe perdonar, lo que generalmente tiene sus raíces en una relación deteriorada o una experiencia dolorosa del pasado. Para estar llenos del Espíritu Santo es esencial que, en la medida de lo humanamente posible, resolvamos las relaciones en deterioro, soluciones nuestros sentimientos de odio y dolor y perdonemos a aquellos que nos lastimaron. Si no es posible reconciliar la relación (que toma ambas partes), tenemos que hacerle frente a nuestro lado del conflicto, resolver nuestros sentimientos negativos y perdonar a quien nos han lastimado.
Séptimo, obediencia. Otro requisito para estar llenos del Espíritu Santo está en el vivir en armonía y obediencia, a la voluntad de Dios. Como lo dijo Pedro, el Espíritu Santo se concede a aquellos que obedecen a Dios.2
Octavo, pedirle a Dios que le llene con el Espíritu Santo. Jesús dijo, Jesús dijo “Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!”3
Finalmente permanencia. Como lo dijo Jesús, “Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada.”4
La parábola de Cristo es un buen ejemplo de cómo tener una vida fructífera. Como nosotros, las ramas, se acoplan a Cristo, la vid, al pasar tiempo con él (aprendiendo lo que enseña su palabra, orando regularmente y viviendo en obediencia al practicando lo que enseña su palabra), así que la vida, el Espíritu Santo, fluye de Cristo a través de nosotros, las ramas. El fruto es el resultado natural.
La buena noticia es que no tenemos que luchar para producir el fruto de Dios. Sin embargo no podemos; y si lo intentamos, el fruto es pequeño y sin uso alguno. Eso es lo que Cristo nos enseño al decir que sin él, no podemos hacer nada. Sólo su espíritu puede producir el fruto.
Al colocar nuestras vidas en una entrega completa a Jesucristo, respetarlo y resolver las barreras entre nosotros, nos llenamos del Espíritu Santo y del fruto del espíritu: amor, alegría, paz, — se producen automáticamente como la uva en una viña saludable. El cuidador de la viña no pone las uvas en la vid. La fruta viene desde dentro.
En conclusión, permítanme añadir que la evidencia de estar llenos del Espíritu de Dios es el fruto del Espíritu, y no los dones del Espíritu como muchos pretenden y, por lo tanto, están confundidos. “Por su fruto los conocerán” dijo Jesús, “no por sus dones.”
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, de nuevo hoy te entrego el control de mi corazón y mi vida. Ayúdame a vivir de acuerdo a los principios encontrados en tu Palabra, y al hacerlo, por favor lléname en abundancia con tu Espíritu Santo para que el fruto del Espíritu sea evidente en mi vida y al ver a Jesús en mí, los demás lo quieran tener en ellos también. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, Amén.”
1. Lucas 11:13, (NIV).
2. Hechos 5:32.
3. Lucas 11:13 (NIV).
4. Juan 15:5.
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