“En el último día, el más solemne de la fiesta, Jesús se puso de pie y exclamó: ¡Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba! De aquel que cree en mí, como dice la Escritura, brotarán ríos de agua viva. Con esto se refería al Espíritu que habrían de recibir más tarde los que creyeran en él.”1
Ayer explicamos cómo cada cristiano puede llenarse con el espíritu de Dios, el Espíritu Santo y así tener la presencia de Dios vivienda dentro de él o ella en todo momento.
Hoy y mañana queremos responder a la pregunta: ¿Cómo podemos llenarnos del Espíritu Santo?
Primero, deseo y fe. Como con todos los dones de Dios, así es con el Espíritu Santo. Tenemos que desearlo realmente, y tenemos que creer que Dios nos lo dará tal como él ha dicho que lo hará.
Como lo dice el versículo del día de hoy, “¡Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba! De aquel que cree en mí, como dice la Escritura, brotarán ríos de agua viva. Con esto se refería al Espíritu que habrían de recibir más tarde los que creyeran en él.”2
Segundo, el compromiso. Si mi corazón y mi mente están llenos de ansiedad, la ansiedad me controlará. Si están llenos de ira, esta me controlará. Si es temor, el miedo me va a controlar. Pero si mi corazón y mente están llenos del Espíritu de Dios, mi vida se llenará con su amor, alegría y la paz y estos me controlarán.
Y estamos comprometidos con aquellos de lo que estamos llenos. Si estamos comprometidos con nosotros mismos, seremos controlados por nuestros deseos egoístas, además de nuestras inquietudes, temores y así sucesivamente. Pero si estamos realmente comprometidos con Cristo y le hacemos Señor de nuestra vida cotidiana, seremos controlados por su Espíritu y nuestra vida dará los frutos del Espíritu.
Tercero, confesión. No hay necesidad de repetir que cuando tenemos algún pecado sin resolver en nuestras vidas, necesitamos confesarlo y dejarlo atrás. Nosotros no podemos estar viviendo en pecado y ser controlados por el espíritu de Dios al mismo tiempo. La buena noticia es que, como la Biblia dice, “Si confesamos nuestros pecados, él [Dios] que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad.”3 Cuando confesamos nuestros pecados y vivimos nuestras vidas de acuerdo a la ley de Dios, somos capaces de recibir la plenitud del Espíritu de Dios.
Cuarto, apertura. El verdadero problema no es cuánto tengo del Espíritu Santo dentro de mí, pero ¿cuánto tiene de mí el Espíritu Santo? Como lo hemos dicho, cuando recibimos a Cristo como a nuestro Señor y Salvador, se nos da el Espíritu Santo en toda su plenitud. El problema es que la mayoría de nosotros no sabemos cómo abrirnos a la plenitud de Espíritu Santo de Dios.
Por ejemplo, si soy una persona cerrada, a la defensiva, o tengo áreas en mi vida que están reprimidas — áreas de mi vida las cuales he cerrado para mí y los demás — y con lo cual automáticamente alejo a Dios y al espíritu Santo de estas áreas. Por lo tanto, para estar lleno del Espíritu de Dios, necesito aprender a ser una persona totalmente abierta acerca de mis pensamientos secretos, mis sentimientos, motivos, y mi persona interna — conmigo mismo, y por lo menos con una persona de confianza y con Dios.
Quinto, honestidad personal. El Espíritu Santo es también conocido como el Espíritu de la Verdad. Por lo tanto, para llenarnos con el espíritu de la verdad, tenemos que ser sinceros con nosotros mismos, así como con Dios. Si hemos cometido nuestras vidas a Jesús y entregado nuestros corazones y mentes a su control, pero aun no tenemos su amor, alegría y paz, no es porque Dios o su espíritu nos han dejado. Puede ser que la causa sean las barreras en nosotros que bloquean el flujo del Espíritu de Dios.
Estas barreras pueden ser sentimientos no resueltos de miedo, insuficiencia, culpa, dolor, ira, odio, resentimiento y otros más, que nos hemos consciente o inconscientemente ocultado o reprimido. En muchos aspectos estas situaciones sin resolver nos mantienen atados dentro de nosotros mismos, lo que a su vez, bloquea al Espíritu de Dios. Por lo tanto, para llenarme del Espíritu Santo, necesito preguntarle a Dios si existen áreas en mi vida que están causando las barreras entre él y yo. De ser así, necesito ser honestamente valiente acerca de esas barreras, y con la ayuda de Dios y de ser necesario con la ayuda de un consejero calificado, afrontarlas y resolverlas.
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, quiero estar lleno del Espíritu Santo. Te entrego el control de mi vida en toda su capacidad. Si hay situaciones sin resolver en mi vida que están obstruyendo o bloqueando el que yo pueda estar lleno de tu Espíritu, por favor permite ver cuáles son, y guíame hacia la ayuda que necesito para resolverlas para así poder estar lleno de tu Espíritu Santo. Gracias por escuchar y responder a mi oración. De todo corazón en el nombre de Jesús, Amén.”
Terminara en la tercera parte.
1. Juan 7:37-39 (NVI).
2. Juan 7:37-39 NVI).
3. 1 Juan 1:9 (NVI).
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