“Den gracias al Señor, porque él es bueno; su gran amor perdura para siempre. Den gracias al Dios de dioses; su gran amor perdura para siempre. Den gracias al Señor omnipotente; su gran amor perdura para siempre.”1
Una leyenda cuenta la historia de un pescador llamado Aarón quien vivía en el banco de un rio. Una tarde de regreso del trabajo él camina con los ojos entrecerrados, soñando en lo que él podría hacer si fuera rico. En ese momento su zapato golpeo contra una bolsa de piel llena con lo que parecía ser unas piedras pequeñas. Perdido en sus pensamientos tomó lo bolsa y empezó a tirar las piedras al agua.
“Cuando sea rico” se decía asimismo, “tendré una casa grande.” Y lanzó otra piedra al rio. Tiró una más pensando, “mi esposa y yo tendremos sirvientes, banquetes, y posesiones materiales de gran valor. Y continuo lanzando las piedras hasta que le quedaba solo una. Mientras sostenía la última piedra en sus manos un rayo de luz la hizo brillar. El no estaba tirando piedras ordinarias al rio, eran gemas preciosas, tirando las riquezas que estaban en sus manos mientras que soñaba de las riquezas a futuro.”2
No esperen hasta mañana porque los “qué tal si” raramente suceden. Estén agradecidos por las bendiciones que tienen porque el hoy es el único día que tenemos. ¡Vivan en el presente porque el ayer se ha ido para siempre y el mañana es solo una esperanza y siempre está a un día de distancia!
Se sugiere la siguiente oración: “Dios mío, por favor abre mis ojos para que pueda ver las incontables bendiciones que tú me has dado. Ayúdame a sentir estas maravillas y a estar agradecido por todo lo que has hecho y estás haciendo por mí. De todo corazón, en el nombre de Jesús, amen.”
1. Salmos 136:1-3 (NKJV).
2. Brett Blair www.eSermons.com. Adaptado del sermón del Rev. Richard J. Fairchild: “The Man Without Wedding Clothes.”
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