El pensarlo lo hace ser

“Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio.”1

Un niño de una tribu nativa de estados unidos hablaba con su abuelo. “¿Qué piensa usted de la situación del mundo?” le preguntó. El abuelo contestó, “siento como si dos lobos estuvieran  luchando en mi corazón. Uno está lleno de cólera y de odio. El otro está lleno de amor, de perdón y de paz. “

“¿Y cuál de los dos ganará?” Preguntó el niño.

A lo que el abuelo respondió, “el que yo alimente.”

Franklin Delano Roosevelt dijo, “Los hombres no son prisioneros del destino, pero si son presos de sus propias mentes,” y James Allen correctamente dijo “Usted está hoy en donde sus pensamientos le han traído; y mañana usted estará en donde sus pensamientos le lleven. “

Otro ha dicho, “en lo que la mente piensa en ello el cuerpo actúa.” Si usted no cree esto, piense en cómo trabajan las tentaciones—primero un pensamiento que parece venir de ninguna parte… lo alimentamos y el pensamiento comienza a ampliarse… entonces las emociones se involucran… y entre más pensamos de esto… más lo deseamos… entonces comenzamos a racionalizar y a justificar lo que deseamos hacer… y se pierde la batalla. Todo comienza en la mente.

Como dicen sobre las computadoras: GIGO = basura entra basura sale. Así es también con la mente. Si continuamos mirando y pensando en la basura por consiguiente actuaremos de acuerdo a ella. Pero, si como lo dice la Biblia, nos concentramos en los pensamientos que son nobles, correctos, puros, agradables y de admirarse, también nosotros, actuaremos por consiguiente de esa manera. Todo está en la mente, porque en lo que la mente piensa en ello el cuerpo actúa.

Cuando las tentaciones tocan a la puerta de mi mente, trato de recordar el orar una sencilla oración, “Jesús, ayúdame. Jesús, ayúdame,” hasta que “el que toca a la puerta” se aleja.

Se sugiere al siguiente oración: “Dios mío, por favor ayúdame a aprender a mantener mis ideas y a concentrarme en los pensamientos nobles que me llevaran a vivir una vida noble y a hacer cosas buenas. Ayúdame a apreciar el hecho de que tu Palabra es como una lámpara a mis pies y una luz en mi camino. Gracias por tus palabras el día de hoy y por escuchar y responder a mi oración. En el nombre de Jesucristo, Amén.” 

1. Filipenses 4:8 (NIV).

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